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Dejamos de ser un ámbito de gestión para ser un ámbito de estrategia
Francisco Hevia,
presidente de Asociación Española de Directivos de Responsabilidad Social (DIRSE)
07/03/2018
El pasado mes de abril, la Asociación Española de Directivos de Responsabilidad Social (DIRSE) renovó su Junta Directiva. Desde entonces, la nueva Junta está presidida por el director de Responsabilidad Corporativa y Comunicación de Calidad Pascual, Francisco Hevia, en sustitudión de Antoni Ballabriga, que cesa por mandato estatutario. En esta entrevista hablamos con Francisco Hevia sobre los retos de futuro del dirse como profesional, así como de la situación de la RSE en España.
En 2017 fue elegido presidente de DIRSE. ¿Cuáles van a ser sus principales retos en esta legislatura?
Afrontamos una legislatura de dos años con muchos retos por delante. Principalmente ampliar la base. Necesitamos ser conocidos entre los profesionales que trabajan en la Responsabilidad Social Corporativa y ser reconocidos como una asociación de profesionales que intenta poner en valor la profesión y sus profesionales, y para lograrlo necesitamos tamaño y dimensión. Partimos por encima de los 200 socios y nuestro objetivo es duplicar la base en estos dos años y elevar el nivel de los socios. Queremos que todas las personas que tienen algo que decir en materia de RSE en España estén asociadas a DIRSE.
La reforma de la Ley de Sociedades de Capital o el Código Unificado de Buen Gobierno de la CNMV eleva la RSE como una función indelegable del Consejo de Administración. ¿Cómo afecta a la profesión?
Efectivamente, ahora el Consejo de Administración tiene la responsabilidad final de todo lo que se hace en Responsabilidad Corporativa y eso provoca que dejemos de estar solamente en la mesa del Comité de Dirección, sino que nuestro trabajo debería llegar al Consejo de Administración. Está muy bien, pero provoca que la profesión mute.
¿De qué manera cambiará?
Los dirses venimos de un proceso de cambio permanente porque la profesión es muy joven y los profesionales proceden de diferentes ámbitos como el medio ambiente, los recursos humanos, la acción social, el reporting… Los cambios legislativos nos llevan al reto de la globalidad de la gestión ética y responsable dentro de las organizaciones. Eso requiere que el profesional de la Responsabilidad Corporativa eleve su discurso, llegue con planteamientos estratégicos que afectan al balance y a la sostenibilidad de las organizaciones a largo plazo y no tanto al regate corto de los planes de actuación. Dejamos de ser un ámbito de gestión para ser un ámbito de estrategia y eso requiere que el propio profesional dé un paso al frente y evolucione en sus capacidades y en sus aproximaciones a la gestión empresarial.
¿Piensa que la RSE ha dado este salto a la estrategia empresarial?
Soy de los que prefiere ver el vaso medio lleno. Es cierto que el salto no se produce de la noche a la mañana, ni de forma homogénea en todas las capas organizacionales. Hay gente que lo provoca por convencimiento y cuando lo haces por convencimiento es transversal a la organización y, si además viene de la propiedad, el cambio es muy rápido. Hay gente que lo hace por obligación y cuando te obligan a hacer algo, generalmente, la resistencia es mayor. Dependiendo de la aproximación que tengas, el nivel de implementación y su velocidad cambia. Pero mirando en perspectiva, en los últimos dos años la velocidad de implementación ha sido muy importante, en parte, porque uno de los drivers que ha tomado una velocidad de crucero muy alta es todo lo relacionado con la gobernanza.
¿Qué opinión le merece la reciente transposición de la Directiva europea sobre información no financiera?
Hay muchas piezas del puzle que están incorporando criterios de gestión ética y responsable al mundo de la empresa como la Ley de Contratación del Sector Público, el Plan de Derechos Humanos, así como toda la legislación que va a traer la Estrategia Nacional de RSE. Es verdad que la última es una pieza importante que afecta mucho al reporting, pero para mí es una pieza más del puzle y en esa pieza hay dos planos: el fondo y la forma. En mi opinión, en el fondo es un gran avance, pero se podría haber ido más allá; y en la forma, es verdad que es una Directiva europea con lo cual es de obligatoria transposición al ordenamiento jurídico español y España en esto ha ido con los tiempos muy ajustados, principalmente porque tuvimos un año de prórroga legislativa en la anterior legislatura que ha provocado que el proceso no haya ido todo lo fluido que nos hubiese gustado a todos.
Desde la aprobación de los ODS, la función del dirse ha estado muy centrada en la consecución de estos Objetivos. ¿Qué le parece?
La gestión ética y responsable se basa en la satisfacción equilibrada de las necesidades de los grupos de interés de tu compañía. Hay un proceso previo a la estrategia de la organización que es muy importante y ahí es donde encaja la gran noticia de los ODS. Por primera vez en la historia, la ONU es capaz de fijar los 17 Objetivos que la comunidad internacional debe trabajar a 2030 como objetivos comunes de desarrollo social y de bienestar, dice que las empresas son parte esencial en la solución e incorpora el ODS 17, que establece que las alianzas público-privadas son la palanca esencial de actividad.
¿Qué ha visto la empresa en los ODS?
Para nosotros es muy sencillo acercarnos a los ODS y decir dónde nuestra empresa, nuestra cadena de valor y nuestra actividad tienen un impacto real y podemos ayudar a que el mundo se desarrolle, avance y evolucione en la dirección en la que la ONU dice que hay que trabajar. Creo que es una gran noticia que va a protagonizar, si lo hacemos bien, los planes de RC y las estrategias empresariales de aquí al 2030.
Por otra parte, los Acuerdos de París también marcan un punto de inflexión en materia medioambiental…
Cuando eres capaz de subir a un Consejo de Administración y explicar la realidad medioambiental, se convierte en una prioridad por puro egoísmo. Los Consejos de Administración y los Comités de Dirección de las compañías terminan entendiendo varias cosas. Por un lado, esto no va de salvar el planeta, sino que hay que cuidar al medio ambiente porque vivimos en él. Y otro elemento que hay detrás es que la superpoblación del planeta requiere revisar profundamente muchos paradigmas antiguos. No podemos seguir consumiendo recursos naturales al mismo ritmo porque no va a haber suficiente materia prima, tienes que cambiar porque si no, no vas a poder seguir produciendo. Evidentemente el interés de mantener la humanidad y poder mantener tu actividad se convierte en prioridad en las estrategias empresariales. Y, en tercer lugar, el consumo responsable. La crisis minimizó el ritmo de implantación del consumo responsable, pero la recuperación económica lo está volviendo a poner de manifiesto. Ahora la gente mira mucho qué compra, por qué lo compra, cómo se produce, quién lo produce y de qué manera está impactando en las personas y en el medio ambiente sus cadenas de producción.
Entonces, ¿el cuidado por el medio ambiente ha llegado para quedarse?
Al igual que los derechos laborales, ya nadie pone en duda el medio ambiente. Ha pasado a la categoría de must y en tu estrategia tienes que dar una respuesta clara a cómo incorporas eso y, además, con unos objetivos muy ambiciosos en el fondo. El Acuerdo de París establece, entre otros aspectos, una reducción del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2020, pero después viene un 40% en el 2030 y un 80% en el 2050. Para lograr estos objetivos, la revolución tecnológica que tenemos que afrontar es brutal y esa la vamos a tener que hacer las empresas. Ya no se trata de ser buena gente, se trata de gestionar tu negocio de manera responsable.
¿Cuáles considera que serán los retos de la RSE en 2018?
Creo que la transparencia va a ser uno de los ejes. Toda la parte de la gestión de las nuevas maneras de trabajar, de la diversidad, es otro de los grandes retos a resolver y en el que la gestión responsable va a tener mucho que decir. Y todo lo relacionado con las políticas fiscales será un ejercicio fundamental. Pero aquí hay que entender bien la fiscalidad. Hay una parte de la sociedad que genera riqueza y esa riqueza debe de generar impuestos para que las administraciones que nos gobiernan tengan los recursos suficientes para redistribuir la riqueza, generar bienestar y dotar a la sociedad de servicios públicos. Para eso hay que exigir la gestión excelente de las administraciones públicas para que el requerimiento de recursos sea el justo y necesario, que todo el mundo haga una gestión responsable de sus impuestos y que las administraciones gestionen responsablemente ese recurso económico para el bien global de la sociedad que es el interés común.
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