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Si las medidas de conciliación no van acompañadas de un cambio cultural, pueden terminar teniendo consecuencias no favorables
Mª Luisa Graña,
presidenta de Grupo Tragsa
23/11/2010
Con una experiencia de más de 30 años, Tragsa es una empresa pública dedicada a la implementación de proyectos en el desarrollo del medio ambiente y el mundo rural. Su propia actividad ya fomenta la sostenibilidad del entorno, con lo cual tiene un fuerte componente de responsabilidad social corporativa. Hace unos meses la empresa creó el departamento de RSC, a través del cual sistematizar todas aquellas actuaciones que la compañía ya implementaba de forma “voluntaria y sin una visión integral”. En esta entrevista, la presidenta de la compañía, Maria Luisa Graña, repasa algunos de los aspectos más importantes de la empresa. Entre ellos, el desarrollo del plan de igualdad para conseguir la paridad en la compañía. Reclama un cambio social y de actitud para que todas las actuaciones de conciliación sean eficaces.
¿Cuál es la estrategia de Tragsa en materia de RSC?
Hasta hace poco, en Tragsa, la Responsabilidad Social Corporativa funcionaba más con el voluntarismo, sin una visión integral, y por lo tanto también, sin una planificación de qué es lo que vamos hacer, cómo vamos a hacerlo y cómo vamos a medir los resultados que se obtienen. Hasta este momento puede que hayamos vivido un poco de espaldas a determinadas cuestiones, entre otras razones porque entendíamos que nuestro papel era tan sólo el de ejecutor de las acciones que marcaban las administraciones. Un ejemplo: El ministerio de Medio Ambiente nos encarga una actuación en un pueblo determinado. No entrábamos en contacto con ese municipio y su entorno porque nos considerábamos tan sólo un ejecutor de la actuación. ¿Qué nos ha ido enseñando el tiempo? Pues que también es necesario que de alguna manera intervengamos en esa realidad. En ningún caso restando protagonismo de quien ha tenido la idea pero sí acercándonos al entorno en que implementamos la actuación. En la medida en que eres el ejecutor y estás en el territorio, tienes que convivir con esa cercanía y aportar algo. No ser una empresa que llega, monta cuatro vallas, ejecuta la obra y sólo se preocupe por la misma.
Para recoger información y poder facilitarla también al entorno.
Sí, cierto. Alrededor de las actuaciones que implementamos en los diferentes territorios conviven ciudadanos y siempre va a existir la necesidad de relacionarse. Aunque tan sólo sea para garantizar esa información. Aunque la actuación no tenga una afectación real. Pero los ciudadanos sí que necesitan conocer esa información. Había determinados ámbitos en donde no habíamos llegado y desde luego creemos que debe haber el compromiso por nuestra parte de llegar. Es algo que podemos aportar.
¿Al ponerse las gafas de la RSC han aflorado temas de RSC que no estaban identificadas como tales?
Sí, efectivamente. Se estaban haciendo muchas cosas bajo el paraguas del voluntarismo con lo cual muchas de ellas transcendían o nos llegaban un poco por casualidad. Somos una empresa con presencia en todas las provincias y con delegaciones autonómicas, con lo cual muchas veces existían iniciativas en determinados ámbitos que desconocíamos. Lo primero que hemos hecho ha sido eso mismo: tratar de recopilar qué es lo que se ha venido haciendo dentro de la tipología de RSC y que hasta este momento no estábamos identificando como tal.
¿Cómo se ha estructurado internamente?
Ha dado lugar a un área de RSC, con una responsable y unas funciones.
¿Hacia dónde evolucionará?
Desde hace varios años ya veníamos haciendo una memoria de sostenibilidad. Había iniciativas, acciones, pero no estaba bajo un paraguas integral. Obviamente, si tu hemos puesto en funcionamiento un compromiso de estas características, se debe dotar de los medios necesarios para que sea eficaz. Si no lo hacemos, continuaríamos en la misma situación.
En el ámbito de empleados, ¿qué acciones destacaría que ya se estaban llevando a cabo y que puedan considerarse RSC? ¿Qué retos tienen por delante en esta materia?
Tragsa en este momento tiene 20.000 trabajadores. En materia de empleo, ha existido una política activa. Por una parte, se han establecido diferentes convenios con diferentes organizaciones, orientadas prácticamente a trabajadores con dificultades de inserción en el mercado laboral. También hemos hecho, en algunas ocasiones, de intermediarios en programas de la administración en donde quien subscribía el convenio era la administración con la fundación. Ahora bien, en el momento que se pedía a Tragsa el trabajo, se trasladaban parte de las obligaciones a la empresa. Han sido experiencias complejas pero positivas. Y es en esa misma línea en la que vamos a continuar trabajando. Por ejemplo, hemos renovado el convenio con Fundosa y tenemos ya prevista la firma de convenio con instituciones penitenciarias para programas específicos en esa materia.
Por lo que se refiere a nuestro propio clima laboral, se ha conseguido un primer avance importante. Teníamos pendiente de negociación, desde hace cinco años, su convenio colectivo. Ahora acabamos de cerrar la negociación que no se ha centrado la conversación en el porcentaje de incremento del sueldo. Ha resultado un cambio de filosofía. Ha cambiado en casi todo. Es como si hubiéramos dejado atrás un convenio del siglo XX y creamos uno del siglo XXI. Ha sido una negociación dura y compleja porque se trataba de cambiar la filosofía, pero se ha conseguido y ha sido un trabajo duro por todos.
¿Qué aspectos destacaría de este nuevo convenio?
Básicamente, crear un paraguas de homogeneidad. La mayor parte de trabajadores de Tragsa no estaban sometidos a un único convenio colectivo, sino que existía una gran dispersión. Uno de los logros del convenio ha sido mejorar el ámbito de aplicación del mismo, integrando a todo el colectivo de trabajadores Tragsa dentro de un mismo documento. Simplifica y rompe la desigualdad que se producía antes porque dependiendo a que convenio estuvieras adscrito podía haber una remuneración y unas compensaciones laborales. Para mí es uno de los mayores logros que consigue el convenio. Por otra parte, y a nivel laboral, en este momento también se está trabajando en el plan de igualdad porque estamos obligados por ley a hacerlo.
Hablando de igualdad, ¿qué porcentaje de mujeres hay en plantilla y cuál es la tendencia?
Las cifras, en términos absolutos, muestran una cierta paridad. Más en Tragsega (ámbito de la ingeniería y la consultoría donde podemos llegar a un 50-50) que en Tragsa propiamente dicho. Y es que la misma historia de la empresa todavía marca diferencias. Ahora bien, si entras en un análisis más específico, y miras categorías y puestos de trabajo, a pesar que la media de edad de la plantilla es baja (entre 35-37 años) nos queda mucho por hacer. El plan de igualdad será, entonces, de desarrollo porque las cosas no se cambian de un día para otro.
¿Y en los cargos directivos?
No existe paridad.
¿La mujer es, entonces, una excepción, en estos puestos de responsabilidad?
No tanto como excepción, pero sí que es cierto que hay ciertos ámbitos, como el de los delegados autonómicos, en el que es más difícil conseguir la paridad. Por ejemplo, en el caso de los delegados, hay 17 y sólo dos son mujeres.
¿Hay ámbitos en los que es necesario trabajar más para acercarse a la paridad?
Sí, evidentemente. Pero es complicado. Hace poco vivimos una experiencia. Salió la plaza de delegado provincial en Salamanca. Es una plaza buena tanto por la actividad de la empresa de la zona y por el ámbito geográfico. Convocamos la plaza, se presentaron 16 candidatos y ni una sola mujer.
Hay muchos factores. Uno el propio freno de las mujeres al desarrollo profesional.
Sí, es cierto. Hay cosas que no estamos siendo capaces de valorar, y no lo digo como Tragsa, sino como sociedad en general. Sobre todo en la búsqueda de las soluciones, medidas reales de conciliación. Si hacemos un balance lo que han resultado las medidas de conciliación sobre el desarrollo de carreras profesionales, ¿realmente nos han aportado buenos resultados?
¿Puede que las reducciones de jornada impidan el desarrollo profesional de las mujeres, supongan un propio freno?
Es que si estas medidas no van acompañadas de un cambio cultural que afecte también a las relaciones personales y de familia, pueden ser medidas que persiguiendo lo positivo, terminen teniendo consecuencias no favorables. Muchas veces, donde hay que trabajar no es dentro de las empresas, sino dentro de las familias. Es muy difícil de hacerlo.
Hablemos ahora sobre la acción social de la empresa. ¿Qué destacaría?
Desde hace varios años, a través de la obra social de Tragsa, anualmente se convoca un programa de ayuda a proyectos de cooperación internacional. Hasta ahora los resultados han sido fantásticos. Hemos detectado un incremento en el número de participantes, puesto que se va conociendo el programa. Los balances que se realizan de los proyectos en que hemos colaborado también son positivos. Tenemos otro programa orientado al desarrollo rural y municipios. Aquí también cada año comprobamos como son más los ayuntamientos que van presentando sus proyectos. Esos proyectos acaban siendo muy importantes para la vida de esa pequeña población.
¿Cuál es exactamente la aportación de Tragsa en esos programas?
En el caso de cooperación internacional, los ejecutores son ONG. Nosotros hacemos la aportación económica. Es más, muchas veces lo que tienes son proyectos, programas, en donde no sólo existe una aportación económica por parte de Tragsa sino que reciben aportaciones de otro tipo de organizaciones. En el caso de los ayuntamientos, en cambio, no es así. Nosotros somos los ejecutores. Los ayuntamientos presentan los proyectos y aquellos que resultan seleccionados son ejecutados por Tragsa, siempre dentro de unos parámetros económicos. De esta manera, aportamos un poco más allá de lo que es la actuación en concreto.
De sus líneas de actividad en protección del medio ambiente, ¿qué destacaría?
Nuestra propia actividad está ampliamente relacionada, en muchas ocasiones, con la protección del medio ambiente y los que transforman la vida de muchos municipios. Por ejemplo, en un pueblo pequeño, haber construido un paseo marítimo ha supuesto un gran cambio. Otro ejemplo. Hace poco estuvimos en la recuperación de un patio de comedias en un pueblo de Ciudad Real. Los auténticos protagonistas del día éramos nosotros. Son cosas que muchas veces no coinciden con grandísimas actuaciones, son pequeñas, están en la calidad de vida de muchísima gente. Por otra parte, cualquier actuación en materia de regadíos también sientes que formas parte de ese proceso en donde haces país. Esas han sido actuaciones vitales en el desarrollo del ámbito rural del país.
¿Cómo ha ido cambiando la forma de implementar vuestra actividad por lo que a eficiencia de recursos se refiere?
Es especialmente fácil decir que nuestra empresa está certificada por todas las esquinas. Pero lo hemos tenido especialmente fácil porque nos dedicamos a algo que ha hecho mucho más fácil ya Nuestra gente es gente de campo. Casi hasta nuestros trabajadores, los que están en oficina, calzan las botas de monte y no hay que explicarles mucho el valor del entorno. Es algo que ya viene en nosotros, en nuestra formación, en neustra experiencia profesional. Las adaptaciones a los cambios se producen a una manera muy natural.
Estos últimos años han publicado una memoria de sostenibilidad. ¿Cómo ha ido evolucionando ese documento? ¿Y la comunicación de toda la RSC?
Ha sido uno de los puntos débiles que hemos detectado. Cuando hablábamos antes de voluntarismo, de acciones aisladas, falta de integración o aspectos con los convivíamos de espaldas, nos referíamos, entre otros, a la comunicación. Incluso nosotros mismos, dentro de nuestra casa, no éramos conocedores de la memoria de sostenibilidad.
La comunicación interna no fluía.
Efectivamente. Nos llegaba el paquete con la memoria económica y la de sostenibilidad todos los años, pero todo el mundo se preguntaba qué era eso. Ahora que haces jornadas formativas/informativas te das cuenta que la gente no la leía. Pero para desarrollar una comunicación de la RSC, primero tienes que ser consciente de la acción. Si eres consciente de una, después ya vas a tener ganas de saber hasta dónde ha llegado. Pero si tienes el documento pero no existe ni el conocimiento ni la involucración previa, es difícil que tengas lecturas.
¿Cuáles son los grandes retos de cara al futuro en RSC?
Sólo me planteo un reto y es ése mismo. Que seamos capaces de compartir todo el trabajo en materia de RSC, de darle visibilidad. Hay una parte en donde determinadas evoluciones que se han producido en los últimos años -prevención de riesgos, incremento de la calidad- a las organizaciones les cuesta entrar. A veces es fácil que tropiece en un momento determinado la filosofía general con el día a día. Si somos capaces de explicarle a la organización que significa la RSC, la organización es capaz de ser sensible con ello, habremos conseguido mucho. A partir de ahí, el resto va sólo. Porque la materia prima ya la tenemos. Me gustaría que mañana nuestra intranet tuviera 300 trabajadores aportándonos ideas, iniciativas en todos los aspectos, lanzándote sugerencias, sintiéndose cómodo en la empresa. Ahí es a donde estamos trabajando para llegar, por eso la base del trabajo en este momento es pasearse en cada esquina de España e informar y formar. Queda mucha tarea por delante con la tipología de plantilla que tenemos y lo dispersa que está. Sólo hay una cosa que nos une a todos, que estamos en Tragsa.
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