Elena Valderrábano
06/04/2021

El dirse ha incrementado su relevancia en la organización, aunque su función continúa siendo mal comprendida

Elena Valderrábano presidenta de la Asociación de Directivos de Responsabilidad Social de Dirse

Creada por profesionales de la RSE y la sostenibilidad hace siete años, la Asociación Española de Directivos de Responsabilidad Social se ha consolidado como una de las organizaciones más influyentes de España en este ámbito. En la actualidad, DIRSE cuenta con más de 450 socios y se mantiene fiel a su compromiso de mejorar la capacidad de influencia de los dirses para crear valor en las organizaciones. En esta entrevista, la presidenta de DIRSE, Elena Valderrábano, aborda los principales retos que tiene que asumir la función del dirse en la empresa actual, así como la evolución de la función de acuerdo con la transformación empresarial hacia la sostenibilidad.

Hace siete años que se creó DIRSE y, desde entonces, ha crecido hasta superar los 450 profesionales asociados. ¿Cómo contribuye DIRSE a su profesionalización y evolución?

DIRSE es una asociación de profesionales que surgió, precisamente, para poner en valor la profesión y este aspecto no ha cambiado en sus siete años de existencia. No obstante, la RSC es una función que está en continua evolución, de acuerdo con los cambios económicos y sociales que se producen en la sociedad, y ello provoca que el rol del dirse sea muy dinámico. Si la RSC está relacionada con cómo atiendes a tus grupos de interés y actuar para lograr un mundo mejor, obviamente, eso va a hacer que el rol del dirse fluctúe porque la organización es cambiante. Lo que no va a cambiar es el foco que DIRSE tiene en el profesional. Existen otras organizaciones cuyo foco es la RSE, la Agenda 2030 o la Sostenibilidad, pero DIRSE se dedica a hacer valer la labor del profesional de la RSC y a la Sostenibilidad y, por este motivo, regularmente, elaboramos estudios sobre las competencias necesarias que debe tener el profesional y analizamos si van cambiando o se van agregando otros aspectos que antes no estaban en el ámbito de la RSC.

 

Uno de sus objetivos es que el profesional tenga una mayor influencia o relevancia en la organización. ¿Lo han conseguido?

Sí, definitivamente, pero la profesión del dirse continúa siendo mal comprendida. Quizás nosotros tengamos parte de responsabilidad y a lo mejor también tenemos que hacer un esfuerzo para que se comprenda más. No podemos olvidar que la evolución de la RSC viene muy marcada por las pautas que vienen del mundo inversor. Ello provoca que la RSC tenga que ser transversal a todas las áreas del negocio… Y de ahí viene esa sensación de incomprensión, de que te entrometes en todo… A finales de los años 90, cuando me preguntaban por el futuro del profesional de la RSC, yo pensaba que desaparecería porque creía que estaría tan imbuido en las áreas que simplemente quedaría para una función de reporte, que cada vez estamos viendo que es más estricto. En cambio, la realidad actual me lleva a pensar que la función no va a desaparecer porque siempre tiene que haber alguien que esté pendiente de las tendencias. Por ejemplo, en el ámbito de RRHH, cuando las empresas tienen que empezar a abordar la igualdad de género, la función del dirse es necesaria para tener todas las actividades que se hacen con empleados discriminadas por género, analizas que la formación sea igual para todos los empleados, las categorías, la retribución…Y luego reportas, que es lo que te dice la ley. Este hecho de ir más allá no surge de la función de RRHH. Ojalá pasado mañana dejemos de hacer esta clasificación porque estemos en un plano de igualdad y hacerla sea discriminatoria, pero estas cosas no suceden si no hay alguien que esté sobre ello.

 

 

El dirse combina una faceta más técnica, que aporta metodologías, con otra especialista, que impulsa tendencias. ¿Cuáles son sus principales funciones?

Desde mi punto de vista, la principal función consiste en recoger los inputs de tus grupos de interés y, en base a ellos, marcar una estrategia e impulsarla junto con las áreas gestoras. Por eso hemos realizado estudios acerca de qué competencias debe tener un dirse y hemos concluido que necesita tener competencias muy diversas porque debe tener capacidad de influencia.

 

Todos los aspectos relacionados con la RSE y la Sostenibilidad se regulan cada vez más. ¿Llegará un momento en que se desarrollarán solo por ley?

Una parte sí, pero habrá otra que siempre va a estar muy ligada a tendencias que no se concretan en regulación. Entonces, hay un ámbito que, como dirse, tienes que negociar porque eventualmente se va a convertir en regulación y cuando antes te anticipes, más preparada estará la organización. Ahí el profesional debe tener empatía, porque a nadie le gusta que le digan qué es lo que tiene que hacer, y esa función es complicada.

 

DIRSE es una de las organizaciones más influyentes en la profesión y muestra de ello es que es la segunda a nivel europeo. ¿A qué se debe?

Efectivamente. Como la Asociación se creó por dirses, el Buen Gobierno es crucial desde el inicio y ello tiene una serie de ventajas que hacen que la organización sea muy dinámica gracias a, por ejemplo, la obligatoriedad de la rotación de la Junta Directiva. Esta es una característica muy relevante de DIRSE que provoca que regularmente entren nuevos profesionales con nuevas ideas. Y, por otra parte, aunque colaboramos con empresas, no son ellas las que manejan la agenda de la asociación.

 

Recientemente han publicado el estudio sobre el “Impacto de la COVID-19 en las prioridades de la RSC/Sostenibilidad y en el rol de sus profesionales” y han lanzado el Barómetro DIRSE & EY que tomará el pulso de la función cuatrimestralmente…

Fue una oportunidad que surgió con EY y forma parte de esa capacidad de visión que debe tener el dirse. Era importante identifi car los temas prioritarios que tiene que abordar el dirse y si eso, a su vez, genera un cambio de las competencias que debe tener. Este tipo de herramientas nos ayudan porque los profesionales de la RSE trabajamos en el largo plazo, nos tenemos que anticipar y ver más allá, y el barómetro nos ayudará a identifi car estas tendencias.

 

¿Cuáles han sido las principales conclusiones del estudio?

Cuando iniciamos el estudio, muchos profesionales opinaban que, a raíz de la COVID- 19, el medio ambiente iba a pasar a un segundo plano y a nosotros nos costaba creerlo. Es cierto que, ante una pandemia, las prioridades se centran en el ámbito sanitario, pero tampoco hay que olvidar que la salud está íntimamente relacionada con la biodiversidad y los temas medioambientales. Y otra de las conclusiones es que el proceso de digitalización se ha acelerado a raíz de la pandemia y se ha adelantado cinco años sobre todo en las nuevas formas de trabajo. Esto es muy importante porque va a cambiar mucho la forma de relacionarnos. Hay cosas que van a llegar para quedarse y otras que ojalá rescatemos pronto porque el teletrabajo mata la creatividad. Con el informe y el Barómetro queríamos constatar los temas prioritarios que tiene que abordar el dirse y si los cambios, a su vez, generan un cambio de las competencias que debe tener. Y lo que vemos es que se va modulando. Los profesionales de la RSE trabajamos en el largo plazo y tenemos que anticiparnos y ver más allá. Este barómetro nos va a ayudar en este sentido.

 

El 33% de los encuestados cree que la función adquirirá más relevancia a raíz de la pandemia, mientras que el 37% cree que no. ¿Qué opina al respecto?

Responde al perfil que tenemos los profesionales de la RSC. En los resultados salen los dos extremos porque se constata la importancia de la función, pero se generan incertidumbres sobre el rol que va a desempeñar el profesional actual en esa función. Primero, porque el marco regulatorio cada vez es mayor, está muy asimilado a la información financiera y entonces volvemos, otra vez, a la incomprensión de la figura. Ahora estamos en esa disyuntiva con la parte del reporte porque los mercados le están dando la misma trascendencia y la regulación está reaccionando a esos mercados. ¿Qué pasa? Que si vamos a una cuenta de resultados donde lo primordial son los aspectos no financieros, el área financiera pierde mucho poder.

 

Precisamente el informe apunta que la gestión de los riesgos no financieros se sitúa en segunda posición en la importancia de la función. ¿Qué implica?

Las pautas de lo que comprende la RSE no las marca la sociedad civil, las establece el mundo inversor en las sociedades cotizadas y, sobre todo, a nivel internacional. Por ello, las tendencias vienen, en general, de los estándares de los grandes fondos. Estos ya suponen que las empresas están gestionando sus riesgos no financieros, pero ahora miran también cómo gestionas las oportunidades de negocio en el ámbito de la sostenibilidad.

 

¿Cuál sería el mix perfecto de inversión?

El ámbito medioambiental está ahí, pero los bonos sociales también son muy importantes con el proceso de recuperación de todos los gobiernos que, a partir de la pandemia, están muy enfocados en el repunte de la actividad y en la generación de empleo. Y, luego, hay un componente sectorial, las oportunidades son muy sectoriales.

 

Y en el ámbito de los ODS, ¿cuáles serán los mayores retos de futuro?

Para mí, los grandes retos de futuro son el progreso social y medioambiental, en general. Obviamente la igualdad de oportunidades, la equidad, etc., son temas que todavía no hemos resuelto y, además, con la pandemia hemos visto algún retroceso en estos aspectos. Hay que retomarlo, pero las grandes asignaturas pendientes son la educación, que es un gran reto social que ahora se ha visto revolcado, y la sanidad.