Jordi Aycart
07/04/2026

La transformación del sector alimentario exige masa crítica

Jordi Aycart, Head of Supply Chain & Sustainability de NESTLÉ IBERIA

La evolución del modelo alimentario ya está en marcha, pero su impacto real dependerá de la capacidad de llevarla a escala. Nestlé impulsa este cambio desde el origen, extendiendo criterios de sostenibilidad a toda la cadena de valor. Pero el verdadero desafío no es solo avanzar, sino hacerlo de forma colectiva. Solo a través de la colaboración entre empresas, productores y autoridades será posible consolidar un modelo más resiliente y sostenible en el tiempo. Hablamos con Jordi Aycart, Head of Supply Chain & Sustainability de Nestlé Ibérica, sobre cómo la compañía está aterrizando esta transformación en decisiones de negocio, operaciones y cadena de valor.

El sistema alimentario concentra una parte muy relevante de las emisiones globales. ¿Hasta qué punto esto está obligando al sector a replantear cómo produce alimentos?

Sabemos que casi dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la agricultura y la ganadería. Esto sitúa claramente al sistema alimentario en el centro de la acción climática.

Esta situación está forzando una transformación profunda en todo el sector y en toda la cadena de valor: nuevas prácticas agrícolas, nuevas maneras de colaborar con agricultores, ganaderos y otras entidades, tanto públicas como privadas y reguladoras. Es un cambio sistémico.

Por ello, las compañías líderes debemos evolucionar desde modelos históricamente más extractivos hacia sistemas que regeneren los recursos, que reduzcan las emisiones y, muy importante, que garanticen la resiliencia y la capacidad de adaptación.

Este año lo hemos visto claramente: un año de sequía extrema y al siguiente exceso de agua. Necesitamos sistemas que permitan adaptarse a estos extremos climáticos, pero también transformar el sistema alimentario para reducir su impacto y contribuir activamente a frenar el cambio climático.

 

Con una población creciente y recursos cada vez más tensionados, ¿cómo se equilibra hoy la sostenibilidad con la seguridad alimentaria?

Ambas dimensiones ya no deben verse como objetivos enfrentados, sino totalmente complementarios. Cada vez más, la seguridad alimentaria depende de la salud del suelo, de la disponibilidad del agua, de la estabilidad climática y de la temperatura.

Esa complementariedad pasa por adoptar prácticas agrícolas que regeneren los ecosistemas, reducir la vulnerabilidad frente a sequías, exceso de agua, frío o calor, y asegurar cadenas de valor resilientes, es decir, capaces de adaptarse a un entorno cada vez más variable.

Para nosotros, invertir en sostenibilidad es una forma de proteger la producción de alimentos presente y futura, y por tanto también la seguridad alimentaria.

 

Durante años, el foco del debate climático ha estado en la energía y el transporte. ¿Está el sistema alimentario llamado a ocupar ahora ese mismo protagonismo?

Sí, claramente. Durante mucho tiempo el foco ha estado en energía y transporte, pero ahora se está trasladando al sistema alimentario, porque es donde confluyen múltiples dimensiones: emisiones, biodiversidad, salud, desarrollo rural, recursos hídricos y relevo generacional.

Por eso en Nestlé hablamos de sostenibilidad en 3 dimensiones: ambiental, social y también financiera. Las tres deben confluir para encontrar ese equilibrio que permita que la sostenibilidad perdure en el tiempo.

 

El mayor impacto ambiental del sector está en el origen de la cadena de valor. ¿Hasta qué punto la transformación de la agricultura es la clave para la sostenibilidad?

Para nosotros es absolutamente fundamental. En Nestlé entendemos la sostenibilidad en torno a tres grandes ejes: el cambio climático, la circularidad, tanto en envases como en la prevención del desperdicio alimentario, y la agricultura regenerativa.

La agricultura regenerativa combina prácticas agrícolas tradicionales con las capacidades que aporta la tecnología actual, con el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria, mejorar la eficiencia del sistema y, en definitiva, producir más con menos recursos.

Para lograrlo es imprescindible trabajar de forma estrecha con agricultores y ganaderos, impulsando prácticas que reduzcan emisiones, regeneren los suelos y aumenten la resiliencia de las explotaciones frente a un contexto climático cada vez más exigente.

 

La agricultura regenerativa apunta a un cambio de modelo. ¿Hasta qué punto es realmente capaz de transformar el sistema agrícola?

Tiene un potencial enorme. Hasta ahora el foco había estado en reducir impactos o emisiones, pero este enfoque va un paso más allá: busca regenerar los recursos naturales, como la salud del suelo, la biodiversidad o el uso del agua y los fertilizantes.

En nuestro caso, esto se traduce en un trabajo directo con agricultores y ganaderos, así como en la colaboración con ONG, para impulsar prácticas como los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos, la mejora del bienestar animal o una gestión más eficiente de fertilizantes y del riego.

En España ya contamos con más de un centenar de granjas que aplican agricultura regenerativa. Por ejemplo, todos los tomates de la marca Solís y todos los cereales de nutrición infantil se producen bajo estas prácticas.

El reto ahora es alcanzar una masa crítica. No se trata de impulsar proyectos aislados, sino de que este modelo se extienda y se consolide en todo el sector. Como gran compañía tenemos la responsabilidad de liderar este cambio junto a otros actores, pero es evidente que no podemos hacerlo solos: es necesario que más empresas se sumen.

Y, sobre todo, que sean los propios agricultores y ganaderos quienes validen el modelo. Cuando son ellos quienes comprueban que funciona y que aporta beneficios reales, tanto sociales como económicos, es cuando el cambio empieza a producirse de verdad.

Nestlé ha reducido un 24,5% sus emisiones desde 2018, superando su objetivo para 2025

Si el potencial es tan claro, ¿qué está frenando su adopción a escala?

La principal barrera es la inversión inicial, con retornos a medio o largo plazo, por ejemplo, en maquinaria de arado selectivo o sistemas de riego por goteo. En nuestro caso, apoyamos esta transición mediante cofinanciación a fondo perdido.

A esto se suma la resistencia al cambio y la falta de formación técnica. Son formas distintas de trabajar que requieren aprendizaje y que, en muchos casos, todavía generan cierto desconocimiento.

Además, estamos hablando de técnicas muy avanzadas, como el uso de satélites o índices de germinación para optimizar el riego o la fertilización en distintas zonas de un mismo campo. Son herramientas muy precisas, pero también diferentes a lo habitual, y pueden generar resistencia.

Otra dificultad importante es la falta de estándares homogéneos. No existe una certificación global que defina qué es la agricultura regenerativa, y las prácticas varían según el cultivo, lo que añade complejidad y tiene un impacto directo en quienes gestionan las explotaciones.

Por eso, avanzar hacia una mayor homogeneización y reforzar el acompañamiento técnico es clave. Cuando aportamos apoyo especializado, como el de un ingeniero agrónomo, la transición se acelera porque hay una base científica que guía todo el proceso.

 

Para que este cambio sea real, ¿qué papel deben asumir las grandes empresas en el desarrollo de los territorios rurales?

Debemos trabajar para eliminar estas barreras: ofrecer formación,  compañamiento técnico, contratos a largo plazo que den estabilidad, financiación…

También facilitar herramientas de medición y fomentar el intercambio de experiencias entre agricultores, que compartan casos de éxito. Y, sobre todo, impulsar un cambio sistémico. Si solo lo hace una empresa, no hay masa crítica. Cuando todos colaboramos, todos ganamos.

 

Más allá de la transformación de la agricultura, la sostenibilidad ha cambiado también dentro de las compañías, pasando de una lógica reputacional a integrarse en el negocio. ¿Dónde se hace más visible ese cambio en vuestro caso?

Esa evolución se ha notado especialmente en la toma de decisiones clave del negocio. Hoy, cuando analizamos una inversión, ya no se tiene en cuenta solo la eficiencia o la capacidad productiva, sino también su impacto en sostenibilidad: el consumo de agua, de energía o las emisiones asociadas. Son parámetros que forman parte del proceso de decisión, y esto hace unos años no ocurría.

Lo mismo sucede en el desarrollo de productos. Antes la sostenibilidad podía estar más vinculada a aspectos reputacionales, pero ahora forma parte del propio diseño: desde el origen de las materias primas, si proceden de agricultura regenerativa, hasta el tipo de envase, que se plantea desde criterios de reciclabilidad o reducción de impacto.

Al final, es una visión que recorre toda la cadena de valor. Desde cómo cultivamos las materias primas con los agricultores con los que trabajamos, hasta cómo producimos, envasamos y distribuimos nuestros productos. La sostenibilidad ya no es un elemento adicional, sino un criterio que forma parte de la estrategia y del desarrollo del negocio en su conjunto.

El 50% de las materias primas clave serán regenerativas en 2030

¿Cómo se traduce esa visión en decisiones concretas a lo largo de la cadena de valor?

La clave está en convertir la estrategia en acciones concretas. No basta con definir objetivos o compromisos, hay que aterrizarlos en decisiones operativas que permitan avanzar de forma real.

Gracias a este enfoque hemos conseguido reducir un 24,5% nuestras emisiones en términos absolutos respecto a 2018, superando el objetivo del 20% previsto para 2025.

A nivel operativo, esto se traduce en decisiones muy concretas. Por ejemplo, desde 2022 el 100% de la electricidad en nuestros centros en España es de origen renovable y ya contamos con dos calderas de biomasa. En la gestión del agua aplicamos el mismo enfoque: tenemos tres fábricas certificadas AWS y sistemas como torres de refrigeración que permiten recircular el agua y reducir significativamente el consumo.

En el ámbito del diseño de envases, trabajamos bajo criterios de ecodiseño orientados a eliminar materiales no reciclables, reducir, reutilizar, facilitar el reciclaje y aumentar el uso de material reciclado, siempre en colaboración con proveedores y a través de iniciativas sectoriales.

Y en la dimensión social, el foco está en mejorar el perfil nutricional de los productos, promover hábitos saludables y facilitar el acceso a dietas equilibradas, combinando el cuidado del planeta con el de las personas.

En definitiva, la sostenibilidad no se gestiona como un ámbito aislado, sino como un criterio transversal que recorre toda la cadena de valor y forma parte del desarrollo del negocio.

 

Con esa base ya integrada en el negocio, ¿dónde estáis poniendo ahora el foco en innovación?

Estamos centrando la innovación en varios ámbitos clave: la agricultura regenerativa, la trazabilidad, los procesos industriales de bajas emisiones y el desarrollo de nuevos productos con tecnologías nutricionales diferentes.

En agricultura regenerativa, tenemos el compromiso de que en 2030 el 50% de nuestras materias primas clave, como el café, el cacao o los cereales, provengan de este tipo de prácticas. Y en algunos casos ya estamos incluso por encima.

Ese es el camino que entendemos que hay que seguir: empezar por las materias primas y asegurar que, a lo largo de todo su proceso de transformación, lo hacemos de la forma más eficiente posible. Y cuando hablamos de eficiencia, no nos referimos solo al ámbito ambiental, sino también al económico y al social, teniendo en cuenta el impacto en las comunidades en las que operamos.

 

Si el queremos avanzar a escala, ¿qué claves serán determinantes en los próximos años?

Si tuviera que resumirlo en tres, la primera sería el impulso de la agricultura regenerativa, por su capacidad para mejorar la salud del suelo, la biodiversidad y el uso eficiente del agua, y transformar el sistema desde su origen.

La colaboración a lo largo de la cadena de valor. Muchas de las soluciones que estamos desarrollando se construyen con proveedores y otros actores. Es clave que este enfoque se extienda para alcanzar la masa crítica necesaria y trabajar a escala.

Y la tercera tiene que ver con el marco normativo, que debe evolucionar al ritmo del sector, ser flexible y facilitar el diálogo para reducir barreras regulatorias y económicas.

En definitiva, avanzar exige hacerlo de forma conjunta. Solo desde la colaboración y el conocimiento compartido será posible impulsar el cambio a la escala que nuestro sector necesita.

Compartir:
  • linkedin share button