Xavier Ribera
22/12/2021

Todas las decisiones que tomamos tienen como objetivo alcanzar un futuro sostenible

Xavier Ribera, head of Communications, Govern Affairs and Sustainability de BASF

La industria química está presente en cualquier momento de nuestra vida diaria. Muestra de ello es que BASF tiene clientes en casi todos los sectores y su cartera de producto está organizada en seis segmentos: Productos Químicos, Materiales, Soluciones Industriales, Tecnologías de Superficie, Nutrición & Cuidado, y Soluciones Agrícolas. Con la misión de crear química para un futuro sostenible, BASF trabaja para que su portfolio de producto, formado por más de 60.000 referencias, ayude a otras empresas en su camino hacia la circularidad y la sostenibilidad.

BASF lleva más de 25 años apostando por la sostenibilidad. ¿Cuáles son los principales hitos que destacaría de esta larga trayectoria?

La sostenibilidad en BASF tiene una tradición muy arraigada. Muestra de ello es que creamos nuestra primera estrategia global de sostenibilidad en 1994. En 2014, cambiamos nuestro propósito y sustituimos el claim que nos acompañó durante décadas, “The Chemical Company” por “We create chemistry for a sustainable future” que acabó de marcar nuestro rumbo integrando la sostenibilidad en el centro de nuestro propósito. En el año 2015, tuvimos el honor de ser una de las empresas que formó parte de los grupos de trabajo de la ONU para la redacción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En 2018 BASF fue declarada por Naciones Unides como empresa líder en materia de Desarrollo Sostenible y este año hemos anunciado nuestros nuevos objetivos no financieros que incorporan ya la neutralidad climática para 2050.  Son solo unos ejemplos que demuestran que todas las decisiones que tomamos en BASF tienen como objetivo contribuir a alcanzar un futuro sostenible para el planeta y la sociedad.

Además, ¿la industria química puede ayudar a otros sectores a alcanzar sus propios objetivos de sostenibilidad?

Efectivamente. La química participa en algún momento del proceso fabricación del 95% de las cosas que nos rodean, desde la ropa que llevamos puesta, los ordenadores que utilizamos en el trabajo, nuestras casas… Me gusta decir que cuando contamos cómo contribuimos al desarrollo sostenible lo tenemos que hacer desde “el cómo” y desde “el qué”. 

Cuando hablo de “el cómo” me refiero a cómo somos capaces de realizar la transición hacia este modelo de mundo sostenible. Es decir, como estamos cambiando nuestros propios procesos y un ejemplo interesante es el reciclado químico. Estamos apostando fuerte por el reciclado químico porque nos permite convertir en materia prima de origen virgen aquellos residuos plásticos que hoy en día terminaban en vertedero o en incineradora porque no podían ser reciclados mecánicamente. Es decir, a la vez que estamos dejando de ir al planeta a buscar recursos fósiles para empezar nuevas producciones estamos dando una salida a residuos plásticos que solo podían terminar siendo incinerados o yendo a vertedero para convertirlos en materia prima.

Pero, claro, si trabajamos muy bien “el cómo” apostando por la circularidad, cambiando procesos, utilizando energías renovables…, pero “el qué”, aquello que producimos, no contribuye a que la sociedad sea más sostenible, todo lo anterior carece de sentido. 

Así pues, nos transformamos, pero además innovamos e investigamos en nuevos productos que, por ejemplo, le permitan a Adidas fabricar unas zapatillas que cuando terminen su vida útil se puedan reciclar, ayudamos a que el Grupo Antolín, en Burgos, produzca el primer techo solar con materiales reciclados o que Cafés Novell de Barcelona invente la primera capsula de café compostable. Esta es nuestra contribución: investigar y dar soluciones para que nuestros clientes puedan ofrecer soluciones sostenibles al consumidor.

Muestra de esta apuesta por la circularidad son los Premios BASF a la mejor práctica de Economía Circular en España, que ya han celebrado su tercera edición. ¿Qué valoración hace?

Es una iniciativa que nos hace muy felices por varios motivos. En primer lugar, constatamos que cada día hay más empresas que están apostando por la circularidad, con casos prácticos y reales. El hecho de que en tres ediciones hayamos sumado 350 candidaturas es un buen termómetro de ello. Y, además, cuando creamos los premios pensamos mucho en el ODS 17, en el de generar alianzas. Para nosotros, el principal motivo era crear un espacio donde compartir conocimiento, inspirar a otras organizaciones y hacer que la circularidad se viralice. Por ello, hace pocos meses hemos abierto la Biblioteca de Buenas Prácticas donde están alojadas todas las candidaturas para que cualquiera las pueda consultar. 

De hecho, el concepto de Economía Circular va íntimamente unido a la creación de alianzas…

El mensaje que lleva implícito el nuevo claim es que nuestra visión es que el futuro será sostenible o no será. Por lo tanto, si queremos formar parte del futuro, la sostenibilidad es una cuestión de supervivencia.  No se trata de una carrera y de llegar el primero, es una carrera de fondo, a contrarreloj y, además, solo será útil si cruzamos la meta todos juntos, porque si no perderemos todos. Por ello, cuando pienso en el ODS 17 lo imagino como algo disruptivo. Ya no pensamos solo en la tradicional colaboración público-privada, las nuevas alianzas tienen que ir más allá, tenemos que crear alianzas incluso con empresas de la competencia, porque ahora el reto es tan mayúsculo que o vamos por ahí o no llegaremos. 

En el ámbito medioambiental, BASF se ha marcado alcanzar la neutralidad de emisiones en 2050. ¿Cómo lo conseguirán?

Tenemos el claro objetivo de ser neutros en carbono en 2050. Para ello ya hemos establecido hitos de aquí a 2030 con una inversión de 4.000 millones de euros dedicados a la transformación energética y a la reducción del 25% de las emisiones en el 2030, utilizando como el año base el 2018. No es un camino nuevo para nosotros, entre 1990 y 2015 ya reducimos a la mitad las emisiones de CO2 mientras, en paralelo, duplicábamos la producción. 

También tenemos muchos objetivos en materia de economía circular como, por ejemplo, utilizar en 2025 un total de 250.000 toneladas de materia prima reciclada, aumentar las ventas de productos que están relacionados con la economía circular hasta los 17.0000 millones de euros y aumentar hasta 22.0000 millones de ventas procedentes de nuestros aceleradores de sostenibilidad.

¿Qué son los aceleradores de sostenibilidad?

En el año 2015 clasificamos todos los productos y aplicaciones de producto que tenemos en el mercado en función del rendimiento de sostenibilidad que ofrecen a nuestros clientes. De este modo, creamos cuatro categorías: accelerators, performers, transitioners y challengers. El objetivo es que cada año el grupo de los accelerators, que son los productos excelentes, ganen protagonismo en nuestro portfolio. 

En la actualidad, tenemos 60.000 productos distintos en el mercado. Hacer esta clasificación ha sido una gran tarea y una toma de decisiones valiente porque nos autoexigimos, entre otros aspectos, a aumentar el volumen de ventas de los productos excelentes, trabajar para que los performers se conviertan en accelerators, pero también nos vamos a ir eliminando de nuestro porfolio aquellos que están en la categoría challenged, sea cual sea su rendimiento económico. En definitiva, se trata de ser fieles a nuestro propósito.

Comenta que el cometido de la compañía tiene que ser minimizar el impacto negativo y maximizar el positivo. ¿Cómo alcanzar el equilibrio?

Somos una industria que genera empleo, estabilidad, oportunidades, un entorno de conocimiento propicio a su alrededor… esto es el impacto positivo. El impacto negativo es que somos una industria extractiva, por lo tanto, tenemos que minimizar nuestra huella y conseguir que nuestro impacto ambiental sea positivo porque reducimos nuestra propia huella y porque investigamos en soluciones que reducen o mejoren la huella de nuestros clientes y, al final, redunden a la sociedad.

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