Vivimos inmersos en un cambio tectónico centrado en la energía, en general, y las tecnologías limpias, en particular. Además, llevamos muchos años viviendo una policrisis: la emergencia climática, la crisis energética, la fatiga poscovid, el cansancio provocado por los movimientos políticos y la polarización en materia de Sostenibilidad, así como la crisis de las materias primas y las dependencias a nivel global. Tenemos múltiples crisis que sitúan a la energía y a las tecnologías limpias en el centro. Me gusta decir que las tecnologías limpias son la vacuna contra el cambio climático porque son la espina dorsal de nuestra lucha, pero además de ser la solución, también son la respuesta a nuestra competitividad.
Ante esta situación, China lo ha tenido claro y ha apostado por las tecnologías limpias para ganar competitividad y crecer en liderazgo. No podemos olvidar que, en estos momentos, el gigante asiático es la cuna mundial de las tecnologías limpias, tanto en fabricación como en instalación. Solo en energía eólica, tiene más del 50 % de las instalaciones mundiales y lidera el vehículo eléctrico con una única empresa que controla el 37 % del mercado mundial.
A todo ello, Europa está en medio de Estados Unidos y China como un sándwich, buscando su lugar, manteniendo sus valores e intentando dar respuesta a todas las tensiones y a la gran fragmentación que tiene por su constitución de 27 Estados.
Hay muchas voces que opinan que hemos perdido el tren. No creo que lo hayamos perdido, pero nos hemos quedado rezagados en la carrera por las tecnologías limpias. Debemos recordar que Europa fue el first mover y dio el pistoletazo de salida en la carrera hacia la descarbonización del continente a 2050. Fue pionera y ello provocó el florecimiento de muchas innovaciones. El problema es que nos hemos convertido en la cuna de la innovación en las fases iniciales, mientras que otros se han dedicado a crear mecanismos de inversión y escalar estas tecnologías. Es decir, en Europa somos muy buenos innovando y creando, pero otros lo aprovechan para generar empleo y riqueza.
Con la toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos cambian las reglas del juego: aumentará el apoyo a las tecnologías validadas y consolidadas y Trump no apoyará tecnologías limpias disruptivas que, aunque han demostrado su viabilidad, conllevan más riesgo como el almacenamiento de larga duración, el hidrógeno verde o las tecnologías de circularidad del plástico.
El Clean Industrial Deal es una respuesta que la Unión Europea lleva tiempo trabajando, pero llega en un momento clave para crear un shock de demanda industrial. Se trata de una gran apuesta por las cleantech, apoyando a los sectores industriales a integrarlas. Y, además, es una fuerte apuesta por la movilización del capital privado mediante políticas públicas, que dejan de ser meras subvencionadoras y ponen el foco en las necesidades de los emprendedores.
Actualmente, en la Unión Europea hay mucho capital privado dispuesto a invertir en estas tecnologías. Solo en Cleantech for Iberia tenemos más de 1.000 millones de euros disponibles, entre fondos de inversión, inversores privados, filantropía y bancos que están dispuestos invertir en estas tecnologías en España y Portugal.
El problema radica en que, como estas tecnologías son emergentes, tienen un nivel de riesgo elevado y unos plazos de desarrollo más largos hasta que llegan al mercado. Tradicionalmente, los fondos de inversión y de capital riesgo no están acostumbrados a asumir esto, por ello el papel inversor del Estado es muy importante. No son necesarias inversiones públicas masivas, sino mecanismos más inteligentes como garantizar los precios de las energías limpias a la hora de que un corporate contrate esa energía limpia a un proveedor.
Otra opción son los mecanismos de financiación público-privados, los llamados Blended Finance. Hay mucho dinero privado, pero el dinero público también debe entrar en la creación de plantas piloto de tecnologías limpias. Y hablamos de las fábricas de futuro donde España puede ser líder en industrialización verde porque tenemos abundancia en energías limpias.
Las energías limpias en España son competitivas a nivel mundial. Tenemos una buena base industrial y muchos inversores privados interesados. Muestra de ello es que la inversión se ha sextuplicado en los últimos años. 2022 fue el año récord en inversión y 2024 ha registrado el segundo año récord. Vivimos un momento dulce en España. Somos la primera gran economía europea que supera el 50 % de energías limpias en su mix energético y esto es un liderazgo importante.
La situación geográfica es muy importante porque tenemos abundante energía solar, pero también se ha legislado en ese sentido. Es decir, España se ha marcado el objetivo de alcanzar más del 80 % de energías limpias en 2030. Esto ha estimulado el apetito inversor y está transformando los mapas industriales.
Vemos que en Alemania hay una desindustrialización, mientras que en España se produce una reindustrialización. Empresas alemanas como Volkswagen instala su fábrica de baterías eléctricas en Sagunto (Valencia) y muchas otras están llegando por una propuesta de valor marcada por la abundancia de energías renovables, la disminución de costes y el acceso a talento cualificado. Las políticas a favor de las renovables han estimulado este apetito inversor. Ahora bien, tenemos todos los ingredientes para ser líderes, pero tenemos que pasar de la narrativa a la acción.
Es correcto. Hay un gap de habilidades y formación. Tenemos la oportunidad de especializar al talento y de que las personas empleadas en industrias que ya no están en boga o que no sean tan eficientes puedan transitar hacia las energías limpias. Para ello es necesario que las universidades lo incorporen a su currículum. Es la gran transición que tenemos que hacer, pero es muy factible y es una oportunidad que nos puede hacer mejores y reconectar con el planeta. Los empleos del futuro están en las tecnologías limpias.
Cleantech for Iberia es una coalición de los principales fondos de inversión, scaleups, emprendedores, universidades, incubadoras, entidades financieras y filantrópicas, y la propia Fundación de Bill Gates que trabajan para la descarbonización del planeta y ponen el foco en todos estos ingredientes que se están combinando en la Península Ibérica.
Estamos en un momento dorado para reindustrializar y un buen avance es la Ley de Industria, que está tramitación parlamentaria y contempla temas de inversiones estratégicas en ecosistemas específicos. Es decir, identifica ecosistemas industriales que puedan beneficiarse de simplificaciones administrativas, crea condiciones de inversión específicas, incluso con ayudas del Estado, que tengan un efecto locomotor en la movilización de la inversión privada. En definitiva, se trata de ser pionero porque si tenemos innovación, ideas y capital, lo único que necesitamos son políticas adecuadas y alianzas para llevarlo a cabo. Este es el papel de Cleantech for Iberia, ser ese puente entre la comunidad inversora e innovadora y el Gobierno, pero también trabajamos para consolidar este ecosistema de las tecnologías limpias para que sea más vibrante.
China es la fábrica del mundo, pero no le importa emitir más o menos, le interesa la competitividad, el liderazgo económico y tener el monopolio en sectores clave. China ha apostado por convertirse en la fábrica del mundo, también a nivel de tecnologías limpias, y hemos perdido el liderazgo en tecnología solar, eólica, vehículo eléctrico, baterías… Lo que tenemos todavía, tal y como apuntó Mario Draghi en su informe del año pasado, es el posible liderazgo de Europa en hidrógeno verde y en captura y almacenamiento de carbono.
Por eso necesitamos el Green Premium, una prima verde para proteger el gap de precio entre la innovación y la tecnología que necesita escalar frente al gas, que es la energía tradicional.
El Clean Industrial Deal propone cubrir ese gap para incentivar estas tecnologías. Por ejemplo, propondrá unas condiciones preferentes en la contratación pública priorizando que sea un producto europeo y sostenible. Esto es un boom de demanda impresionante porque, aunque no sea la energía más barata, es una señal muy importante. Además, propiciará que las industrias que quieran contratar energía limpia frente al gas, tengan asegurado un precio de energía barato a largo plazo. La Sostenibilidad es un nice to have, pero el coste es el must porque es lo que impulsa la decisión. ¡Ojalá estas nuevas políticas funcionen rápido porque es lo que acelerará el cambio!
China ha subvencionado a sus propias tecnologías incluso para que formen parte de las cadenas de valor internacionales que han entrado en Europa por una cuestión de precio. En una contratación pública, esta política ha dejado fuera a otros competidores europeos.
En Europa no hemos subvencionado tecnología para que pueda competir con otros mercados. El pecado de Europa es que ha dejado que sus tecnologías lo pasen mal con mucha regulación, burocracia, administración y procedimientos. Esto nos ha hecho perder competitividad, mientras que China ha hecho justo lo contrario.
Pero de forma sostenible y eso cambia mucho. Con leyes de Estado, compatibilidad entre las ayudas nacionales y europeas, con acceso rápido a los proyectos europeos... Nuestros emprendedores aseguran que acceder a fondos públicos es como ir al casino. Es inadmisible que un emprendedor, con un buen equipo y un negocio bien estructurado, se sienta tan desarropado. Esto se va a reconducir.
Dicho esto, el mayor mercado de exportación de Europa son todos los países de la Unión Europea. Si conseguimos fabricar y consumir aquí, virar el timón hacia la economía verde de verdad, vamos a poder mitigar las emisiones y tener competitividad. No podemos pretender ser verdes y descarbonizar el continente abasteciéndonos de productos chinos que contaminan. Esto no es coherente.
Trump estará cuatro años, durante los cuales puede destruir mucho, pero el mundo es mucho más amplio. Y, al fin y al cabo, nada ha cambiado radicalmente porque el problema de la emergencia climática permanece. Creo que la solución se va a despolitizar, incluso estas narrativas verdes que están polarizando el discurso. Del mismo modo que hay un movimiento "trumpista", se está creando un movimiento a favor de las tecnologías limpias, porque cuando hay un shock también se produce un efecto contrario. Estamos en este punto de inflexión: es un antes y un después. Es un ahora o nunca. No es un tema de estar a favor o en contra de las energías limpias, es un tema de Humanidad.