En estos años hemos aprendido muchas lecciones derivadas de contextos cambiantes y divergentes y nos hemos enfrentado a la realidad compleja de una agenda de cambio como la que la sostenibilidad refleja. La sostenibilidad era y sigue siendo parte de la solución a muchos retos, se ha hecho evidente la necesidad de combinar la aspiración con el pragmatismo para desarrollar las palancas adecuadas que se conviertan en catalizadores de esa sostenibilidad y no en cargas. La sociedad y los agentes económicos tienen que poder tangibilizar lo que la sostenibilidad les aporta, no sólo lo que les cuesta.
Ser un banco que aborda, desde sus acciones a corto, los retos existentes a largo plazo, informando su toma de decisiones, escuchando a sus grupos de interés, reportando sus avances y facilitando información relevante y material.
El plan de acción de Finanzas Sostenibles que la Comisión Europea lanzó en 2018 se presentó como un catalizador de las finanzas sostenibles. Años después, vemos que el exceso de complejidad ha generado una carga y unos requerimientos que, lejos de fomentar, desincentivan la acción. La clave es favorecer oferta y demanda y, para ello, es importante que el marco actual se simplifique y contribuya a estos objetivos.
Lo que espero es que el marco normativo atienda aquellos objetivos iniciales para los que surgió: fomentar las finanzas sostenibles. Y para eso, lo que se debe hacer es favorecer la oferta y, la demanda. La transición tiene un coste y para que los comportamientos y las decisiones de todos los agentes implicados puedan cambiar, se les debe apoyar con incentivos a las soluciones sostenibles.
Ahora mismo, la Directiva de reporte a mercado de sostenibilidad es muy prescriptiva en cuanto a qué temáticas hay que reportar y con qué nivel de granularidad y se ha traducido en informes excesivamente extensos en los que se llega a dar información que no es relevante para el mercado. Por eso se está revisando. Hay que evitar generar cargas que realmente no estén aportando información material para informar las decisiones de las empresas y sus grupos de interés. No estamos viendo que el coste que tiene generar todo esto esté redundando en que los grupos de interés estén mejor informados. Hay que eliminar requerimientos que no aporten.
La materialidad aporta que el enfoque ahora es mucho más analítico y conectado con la cuenta de resultados de las empresas y eso es positivo, aunque queda mucho camino por recorrer todavía y se puede mejorar más. En la medida en que la sostenibilidad hable un lenguaje con mayor sentido económico y más próximo a la toma de decisiones financieras, identificando riesgos y oportunidades materiales, se facilita esa conexión de la sostenibilidad con las decisiones de las empresas.
Concentrándonos en aportar al mercado información material, creíble y relevante, sin despistar con exceso de información que no cumple esas condiciones Es fundamental que los estados de reporte sigan avanzando de manera coordinada a nivel global y con énfasis en materialidad.
Realmente esto lo decía el informe Draghi en otoño del año pasado. Lo que estos años nos han enseñado es que cuando hemos adoptado políticas climáticas no acompañadas de políticas industriales, más que pasos adelante hemos dado pasos atrás. Se vio en países como Francia, se ha visto con políticas como la de agro o la del sector auto. No es fácil, pero tenemos que perseguir que los objetivos climáticos que nos planteemos estén acompañados de políticas industriales, informadas por las implicaciones para la competitividad de ese sector concreto y abordemos la integración de la sostenibilidad sin que esté reñida con el aumento de competitividad, manteniendo o mejorando las tasas de crecimiento. Necesitamos hacer que la sostenibilidad sea parte de la solución en lugar de parte del problema.
El sector financiero puede acompañar a sus clientes con herramientas, con criterio, con capacidades que les permite asesorar a sus clientes sobre dónde están y dónde pueden estar, y de los instrumentos financieros disponibles para apoyarles en recorrer el camino de la transición. Contamos con equipos especializados que son capaces de identificar y recoger las necesidades que tienen nuestros clientes para realizar esa transición y cómo abordarlas de la forma más eficiente posible a nivel financiero. Es muy significativo el desarrollo de capacidades y experiencia acumulada en este ámbito.
En cuanto al greenwashing, en Santander contamos con marcos de gobernanza y criterios muy claros, alineados con las mejores prácticas de mercado, donde participan los equipos de negocio, de riesgos, de sostenibilidad… que lo que buscan es que a las cosas se les llame por su nombre y que cuando algo esté etiquetado, lo esté con fundamento. Es clave para que las prácticas sean las adecuadas. Sólo si hacemos las cosas bien, el mercado llegará a reconocer y a diferenciar en precio las distintas prácticas de los agentes implicados en la sostenibilidad. Pero si las prácticas no son las adecuadas, no son de calidad y no tenemos criterios fuertes y gobernanza, las prácticas sostenibles no se reconocerán y no alcanzarán la materialidad que el reto requiere.
El diálogo público- privado es fundamental. Los retos que queremos abordar desde la agenda de sostenibilidad -como el climático, o la inclusión financiera, etc- son colosales. La acción aislada de agentes concretos o solo la acción pública o solo la privada no valen, no alcanzaremos los objetivos.
Todos los informes indican que se están logrando avances, recordémoslo también, pero no en la intensidad ni ritmos necesarios. Debemos tener un diálogo permanente en el que se entienda cuál es la realidad de cada sector económico, cuál es el objetivo u objetivos que nos queremos marcar y a partir de ahí, cada uno desde su ámbito de actuación, articular soluciones y reforzar las acciones de unos y otros.
Lo que debemos considerar es qué activos se están financiando, cuál es el destino de la financiación. Y analizar que esos activos tengan atributos verdes, sociales o sostenibles que puedan ser verificados y que estén alineados con estándares reconocidos.
Yo creo que sí contamos con elementos que discriminar cuándo se está comunicando algo con acciones que lo sustentan, relevante y material, y cuándo puede ser un claim sin acciones reales, comprobables y transparentes.
Hoy las soluciones sostenibles son una realidad en todos los mercados.; lo que aún falta es que se produzca de manera generalizada en todos los sectores y de forma más masiva. Hay muchos retos para ello. Uno clave es dar al consumidor final la información suficiente para que pueda tomar sus decisiones de manera informada y darle los incentivos necesarios para que tome esas decisiones. El seguimiento que desarrollamos refleja allí donde hay ayuda, la actividad ocurre y se fomenta la demanda; donde no hay ayuda o la ayuda se retira, la actividad se retrae.
La banca es un canalizador muy relevante en Europa de los flujos de financiación e inversión. Como siempre decimos, nosotros somos un facilitador para que esa transición ocurra, pero lo fundamental es que exista la oferta y exista la demanda. Si se dan esas circunstancias, nosotros podremos desarrollar nuestra labor para conectar esa oferta con esa demanda y que ese cambio ocurra. Y en el camino, estamos asesorando y acompañando a nuestros clientes con equipos especializados y mucha experiencia en este ámbito.
Les diría que la agenda de sostenibilidad es una agenda de cambio que puede aportar muchas soluciones a problemas que queremos resolver, pero que para que ocurra es necesario que tecnológicamente existan soluciones, que económicamente sean viables y que institucionalmente se apoyen, y que todo eso requiere de una acción concertada, en base a información relevante y creíble. Así que se preparen muy bien y estén dispuestos a trabajar duro, en contextos cambiantes y divergentes porque el camino es largo.
En tiempos donde la sostenibilidad corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de cumplimiento más que en una convicción profunda, escuchar a Lara de Mesa es reconectar con el propósito original: transformar desde dentro, con rigor, con visión y con impacto. Su defensa de una normativa clara pero no asfixiante, su apuesta por la materialidad como brújula estratégica, y su compromiso con una banca que no solo financia, sino que acompaña, dibujan el perfil de una líder que entiende que la sostenibilidad no se mide solo en indicadores, sino en decisiones que resisten el corto plazo.
Porque si algo queda claro tras esta conversación es que el futuro de las finanzas sostenibles no se construye con promesas, sino con estructuras que sostienen. Y Lara de Mesa lleva años diseñándolas.