La crisis ha evidenciado que el 0,7% es posible
Ariane Arpa,
directora general de Intermón Oxfam
16/07/2010
La crisis ha hecho aflorar ciertos temas, según Ariane Arpa. Por ejemplo, ha demostrado que la excusa de falta de recursos para no aumentar la ayuda al desarrollo no era cierta. “En unas horas se movilizaron más millones para salvar a la banca de los que nunca habríamos soñado”, declara.
Además, y aunque en los últimos tiempos las empresas estaban representando una fuente creciente de recursos para la ONG, con la crisis sus donaciones prácticamente han desaparecido. “No se trata de falta de solidaridad -explica -. Cuando se están reduciendo gastos e incluso recortando plantillas es difícil justificar el mantenimiento de las donaciones. Las empresas lo están pasando tan mal como las ONG”.
Intermón Oxfam gestiona más de 62 millones de euros anuales. ¿Cómo han evolucionado sus presupuestos?
En ell año 2009, que fue el más escaso en recursos de nuestra historia, casi el 70% del total procedía de recursos privados. La sociedad española es muy solidaria, y se percibe aún más en estos tiempos de crisis en que los donativos individuales no se han reducido, pero todavía es demasiado latina, pasional. Todo el mundo se vuelca en momentos puntuales, a diferencia de otros países en que la mayoría de ciudadanos tiene su ONG de cabecera a la que realizan aportaciones continuadas. El reto en España es pasar de esta solidaridad más pasional a otra más continuada, más sostenible. Pero insisto, en este contexto de crisis es muy de admirar cómo nuestros socios recortan otros gastos, pero no su donativo.
¿Las empresas pueden ser un actor importante en donaciones?
Las empresas, en los últimos años, han pasado a representar una fuente creciente de recursos. Siempre empresas muy seleccionadas, eso sí, por no incurrir en un problema de incoherencia.
Sin embargo, con la crisis, las donaciones empresariales prácticamente han desaparecido. Y no por falta de solidaridad, sino porque, si están reduciendo gastos, incluso a menudo recortando plantilla, es muy difícil justificar el mantenimiento de las donaciones. Yo, seguramente, en el lugar del empresario haría lo mismo…
Cooperan en más de 500 programas de desarrollo y acción humanitaria con más de 2.000 personas, entre voluntarios y asalariados. ¿Cuentan también con los recursos suficientes?
Por supuesto que no. Podríamos tener diez veces más y me sentiría con ánimos para gestionarlo.
Desde 1997 suman su esfuerzo al de las otras 13 ONG de Oxfam Internacional. ¿El tamaño de la organización es importante?
El problema de una ONG no es su tamaño. Se puede ser una burocracia con seis millones de presupuesto, con 60 o con 600. Los temas cruciales, sin embargo, son: rigor en la gestión, búsqueda de la eficiencia, saber definir las herramientas adecuadas y, en definitiva, tener la misma exigencia que una empresa en eficiencia y gestión.
Yo vengo del mundo de la empresa y lo veo así. El problema no es cuánto más puedes crecer, porque para nosotros, cuantos más recursos, más proyectos podremos llevar adelante y a más personas podremos ayudar. Pero sí saber tener la gestión y administración necesarias para garantizar eficiencia y transparencia.
Intermón es la más antigua ONG de desarrollo española. ¿Cuáles son las principales ventajas de su larga historia?
El haber vivido como organización toda la evolución de los sistemas de cooperación. La cooperación ha cambiado muchísimo en los últimos años. Y más en el caso de Intermón, que nace hace 54 años como secretariado de misiones y propaganda. Hemos pasado de una cooperación muy asistencial, muchas veces teñida de matices ideológicos, a otra más científica, con voluntad de definición de objetivos e indicadores, para llegar a la que tenemos hoy, que entiende que los proyectos por sí solos no bastan, sino que hay que completarlos con otro tipo de acción.
Intermón ha cambiado mucho, desde la entidad jesuita a la ONG laica integrante de una organización internacional como somos hoy. Pero sí hay dos o tres valores identitarios que se han mantenido: la preocupación por la dignidad de la persona, por la coherencia y por el compromiso solidario.
Trabajan en más de 40 países, pero ¿cómo?
De maneras muy distintas en cada área. Por ejemplo, en todo el continente asiático trabajamos a través del comercio justo, apoyando a los productores, pero siempre para mejorar su distribución.
Hacemos cooperación más tradicional en América Latina y África, con problemáticas muy diferentes.
Es cierto que los países más pobres del mundo están en África, pero también lo es que las grandes desigualdades se encuentran en América Latina. En África todavía tiene sentido una cooperación más basada en transferencia de recursos y en la utilización de la ayuda al desarrollo como motor económico, pero en América Latina es diferente porque allí existen recursos a nivel de cada país, el problema es su distribución y por tanto el trabajo de desarrollo pasa por la presión política, por campañas para conseguir que se priorice a las personas más pobres.
Los consumidores somos un actor principal dentro de la sociedad civil para conseguir que cambien las cosas. ¿Cree que falta información o, a menudo, no queremos saber?
Creo que hay un poco de las dos cosas. Hay grandes historias de éxito como la del calzado deportivo, donde prácticamente ha desaparecido la mano de obra infantil por la presión de los consumidores. Éstos son capaces, cuando quieren, de movilizarse y conseguir cambios.
También es verdad que, muchas veces, falta información y uno de los grandes retos de las ONG es informar y argumentar para que el que decida movilizarse pueda canalizar su compromiso.
El próximo mes de septiembre se celebrará una Cumbre en Nueva York sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. ¿Por qué cree que resulta tan difícil conseguirlos?
Por falta de voluntad política. La crisis económica ha puesto en evidencia que la excusa que siempre nos habían dado a los que luchábamos por aumentar la ayuda oficial al desarrollo y llegar al 0,7%, la falta de recursos, era una mentira. En cuestión de horas y para ayudar al sector financiero se han desbloqueado más recursos de los que llevábamos años pidiendo. Había que hacerlo, no lo discuto, pero se ha evidenciado que cuando se quiere, es posible.
Los Objetivos del Milenio no se van a cumplir, pero sería posible hacerlo. Sólo pedimos que se cumpla lo que se había prometido a nivel europeo.
Podría buscarse otro tipo de financiación, por ejemplo. Hay una serie de recursos fiscales, que en cierto modo pertanecen a los países del Sur y que no están llegando a sus arcas.
¿Por qué pertenecen a esos países?
Por evasión fiscal, por paraísos fiscales y una serie de mecanismos más o menos en el límite de la legalidad. Todo apunta a que la evasión supone más de lo que reciben los países en ayuda al desarrollo. Si se obligara a una mayor transparencia en el reporte de beneficios país por país, se evidenciaría dónde se han generado y por tanto debería pagarse impuestos en esos países.
Otra posibilidad es la denominada tasa Robin Hood, un pequeño impuesto del 0,05% que se aplicaría a las transacciones que realizan las entidades financieras entre sí, que se destinaría al Tercer Mundo.
¿Cree que además de la obligación ética, trabajar en la mejora de las condiciones de vida del Tercer Mundo beneficia también al Primero?
Sí, y en la actualidad estamos dedicando muchos recursos a intentar explicarlo así. Hay un imperativo ético - no es aceptable que por el azar de haber nacido en un sitio u otro haya tantas diferencias en la vida de una persona-, pero es que además en un mundo globalizado como éste, la pobreza es un foco de inestabilidad política, de conflictos y de flujos migratorios no deseados.
Impulsar el comercio justo es otra de sus tareas, ¿cuáles son los próximos retos?
En España nos queda mucho por recorrer. Intermón Oxfam es, con mucho, el líder en comercio justo en nuestro país y factura sólo ocho millones de euros. Así que el reto está en ofrecer la máxima variedad para que en la mayoría de decisiones de compra se incluya la posibilidad del comercio justo. Debemos ampliar la gama de productos mucho más allá del café. Además, hay que trabajar para acercarle el comercio justo al consumidor. Nuestro café ya está presente en todas las mayores cadenas de distribución de España, y cada vez estamos introduciendo más productos, pero es muy duro porque si no vendes, no estás.
No creo mucho en la solidaridad que requiere un gran esfuerzo, debemos trabajar para facilitarla.
POLÍTICAS RSE DE LAS EMPRESAS
- Alimentación, Bebidas y Hogar
- Automoción y componentes
- Banca y Finanzas
- Construcción e infraestructuras
- Energía, Agua
- Industria Farmacéutica y Salud
- Industria Química
- Moda y Belleza
- Otras Industrias
- Retail
- Seguros
- Servicios a empresas
- Telecomunicaciones y tecnologías de la información
- Transporte y logística
- Turismo y restauración