La publicación de la Memoria refleja, sobre todo, un momento de madurez. Un punto en el que la responsabilidad social se ha consolidado definitivamente como una forma de trabajar que atraviesa a toda la compañía.
Hoy tenemos un enfoque más estructurado, con objetivos definidos y una mirada de largo plazo. Y nuestras prioridades se concentran en tres grandes áreas: el cuidado de las personas, dentro y fuera de la organización; el refuerzo de alianzas con recorrido y capacidad de generar impacto real; y la mejora continua en materia ambiental, especialmente en eficiencia operativa y sostenibilidad de la última milla.
La clave está en que la RSC no se viva como algo impuesto, sino que tiene sentido en la operativa diaria. En una red tan capilar como la nuestra, la responsabilidad social solo funciona si quienes están sobre el terreno la entienden, la hacen suya y ven que forma parte de nuestra manera de trabajar. Es importante construir esa cultura desde el ejemplo y desde decisiones concretas. Cuando una iniciativa se integra en el día a día, deja de ser una acción puntual y se convierte en una dinámica sostenida.
Cambia mucho, porque la RSC deja de estar al margen de la actividad y se integra en el propio modelo de la compañía. No se trata solo de apoyar una causa, sino de preguntarnos qué podemos aportar desde lo que somos, desde lo que sabemos hacer y desde la capacidad que tiene nuestra red.
En nuestro caso, eso significa que la mensajería también puede ponerse al servicio de iniciativas sociales. Lo hacemos, por ejemplo, con Inspiring Girls, una iniciativa que trabaja para impulsar la ambición profesional y las expectativas laborales de las niñas, especialmente en carreras STEM. Nuestra aportación consiste en realizar los envíos necesarios para que materiales y recursos lleguen a su destino en tiempo y forma.
Puede parecer algo sencillo, pero es clave. Si una campaña necesita llegar a distintos puntos del territorio, que esos materiales lleguen bien, a tiempo y con garantías forma parte del éxito de la iniciativa. Ahí es donde una empresa de mensajería puede aportar un valor muy concreto.
Tienen un papel central, porque en NACEX somos muy conscientes de que el servicio que prestamos depende directamente de las personas que lo hacen posible. En una compañía como la nuestra, la responsabilidad empieza dentro: en cómo trabajamos, cómo acompañamos a los equipos y cómo generamos un entorno en el que las personas puedan desarrollarse.
Por eso, la conciliación, la diversidad, la igualdad de oportunidades o la formación no se plantean como iniciativas aisladas, sino como parte de una misma cultura. Son palancas que ayudan a crear un entorno de trabajo más motivador, más estable y también más sostenible.
Además, formar parte de Logista nos aporta un marco muy valioso. Nos permite incorporar buenas prácticas, compartir criterios comunes y aprender de la experiencia del grupo en ámbitos como diversidad e inclusión. Pero siempre lo hacemos adaptándolo a nuestra realidad, porque NACEX tiene una operativa muy concreta y una red con características propias.
Se nota muchísimo. En un sector como el nuestro, donde la actividad es continua y la presión del día a día es alta, cuidar a las personas no es algo abstracto: es lo que permite que la red funcione.
Cuando los equipos están formados, comprometidos y trabajan en un entorno adecuado, toman mejores decisiones, gestionan mejor los imprevistos y responden con más agilidad. Y eso acaba viéndose en la calidad del servicio, en la capacidad de respuesta y en la confianza que generamos.
Para nosotros es importante trabajar donde exista una necesidad real y NACEX pueda aportar valor de una manera concreta. Por eso concentramos buena parte de nuestra acción social en ámbitos en los que podemos conocer mejor las necesidades, trabajar con más especialización y evitar la dispersión.
Al final, una alianza social no funciona solo por apoyar una causa, sino por la continuidad, la implicación y la capacidad de integrarla en el día a día de la compañía. Cuando una colaboración consigue movilizar a la red, implicar a los equipos y mantenerse en el tiempo, el impacto es mucho mayor.
Nos ha demostrado que, cuando una campaña es clara, cercana y fácil de incorporar al día a día, la capacidad de movilización de la red es enorme. Donar un tapón, un gran gesto solidario conecta una acción muy sencilla con una causa concreta y comprensible.
Desde 2018, gracias a la implicación de empleados, franquicias, colaboradores y clientes, hemos recogido y transportado más de 165 toneladas de tapones de plástico en beneficio de ASDENT. Para nosotros es un dato muy importante, porque demuestra que la constancia multiplica el impacto.
También nos ha enseñado que las iniciativas de largo recorrido acaban formando parte de la cultura de la compañía. Cuando una acción se mantiene en el tiempo y la red la hace suya, se integra de forma natural en la actividad.
El deporte tiene una capacidad muy especial para conectar con las personas. Llega de una forma directa, positiva y emocional, y eso permite que determinadas causas encuentren un altavoz que quizá por otros canales sería más difícil conseguir.
Cuando una iniciativa social se vincula al deporte, no solo se recauda o se apoya económicamente a una entidad. También se genera visibilidad, conversación y participación. Se consigue que personas que quizá no estaban cerca de esa causa la descubran, la entiendan y se impliquen.
En la edición de mayo de 2026 del Desafío NACEX, por ejemplo, recaudamos 1.000 euros para la Fundación Tots Som de Cor. Pero más allá de la cifra, el valor está también en el interés mediático y social que genera. Para muchas entidades, esa visibilidad es clave, porque les permite llegar a nuevos públicos, explicar mejor su trabajo y ampliar su capacidad de movilización.
Se convierte en una herramienta de impacto cuando ponemos nuestra capacidad operativa al servicio de necesidades reales. No se trata solo de gestionar envíos, sino de facilitar que determinados proyectos puedan desarrollarse en mejores condiciones y que las entidades sociales lleguen más lejos.
En nuestro caso, la red puede aportar algo muy concreto: que materiales, recursos o elementos necesarios para una campaña lleguen a tiempo, en buenas condiciones y a distintos puntos del territorio. Eso, que desde fuera puede parecer una parte más, para muchas entidades es fundamental. Para que una campaña alcance todo su potencial, es clave que los materiales lleguen bien, a tiempo y a los lugares donde tienen que activarse.
Lo vemos en iniciativas como Zancadas Escolares, impulsada por la Casa Ronald McDonald Madrid, o Mójate por la Esclerosis, de la Fundación Esclerosis Múltiple, donde NACEX se encarga del envío de materiales necesarios para la organización de sus campañas solidarias.
Ahí es donde una red de mensajería puede tener una dimensión social. No sustituimos el trabajo de las entidades, pero sí podemos ayudar a que ese trabajo llegue más lejos, llegue mejor y llegue a tiempo.
Sí, cada vez pesa más. Las compañías no buscan solo un proveedor eficiente y fiable. Buscan también un socio que comparta determinados estándares sociales y ambientales, y que pueda demostrarlo.
Para NACEX esto es una oportunidad, pero también una responsabilidad. No basta con decir que tenemos compromisos: hay que integrarlos en la operativa diaria, trabajar con transparencia y poder acreditar lo que hacemos.
En un mercado cada vez más exigente, esa capacidad de demostrar con hechos cómo trabajamos genera confianza, refuerza nuestro posicionamiento y nos hace más competitivos.
En nuestro caso, eficiencia y sostenibilidad están directamente conectadas. Optimizar rutas, planificar mejor las entregas, avanzar en la electrificación de flotas o incorporar soluciones más flexibles permite mejorar la operativa y reducir emisiones.
Un ejemplo es la red de puntos de conveniencia NACEX.shop, con más de 4.000 puntos, que facilita entregas y devoluciones más sostenibles. Gracias al aumento de actividad de esta red, en 2025 se han ahorrado 258,79 toneladas de CO2e.
También impulsamos EcoMobility, un programa de ayudas para la electrificación de flotas que, desde su puesta en marcha hasta diciembre de 2025, ha permitido ahorrar 243,96 toneladas de CO2 equivalente. Todo ello ha contribuido a reducir un 7,5% las emisiones por expedición en el ejercicio 2024-2025 respecto al periodo anterior.
Al final, la última milla no es solo una cuestión logística: también tiene que ver con reducir impacto y hacer compatible la calidad del servicio con ciudades más eficientes y habitables.
Lo primero es integrarla de verdad en el negocio. La RSC no puede ser un ámbito separado, sino un criterio que influya en las decisiones, en la relación con clientes y proveedores y en la forma de operar.
Eso exige objetivos claros, una organización alineada y modelos donde responsabilidad, eficiencia y competitividad estén conectadas. En mensajería, esa conexión es clave: cuando una medida responsable mejora también el servicio, la eficiencia o la confianza del cliente, tiene mucha más capacidad de transformar.
También será fundamental avanzar en medición y transparencia, con indicadores precisos y ligados a resultados, y reforzar la colaboración entre empresas, clientes y entidades. Solo así la RSC dejará de ser una suma de iniciativas para convertirse en una verdadera palanca de cambio.