ENTREVISTA

La educación es una de las bases de la responsabilidad social


Pierre-Antoine Ullmo,

director de P.A.U. Education

Pierre-Antoine Ullmo 28/10/2011

“Construyendo reputación construyes responsabilidad, pero también construyes la cohesión social de tu propia empresa y contribuyes a la de la comunidad. Es por ahí por dónde intentamos desde P.A.U. Education introducir valor; la responsabilidad social, más que en términos genéricos, tiene valor por la propia experiencia de los actores lo que, en el proyecto ‘Valores de futuro’ de BBVA, es palpable: hay personas, gente que se esfuerza, gente que se comunica, que dedica su tiempo... De esto depende el valor de una acción; la acción puede ser pequeña o grande, tener un presupuesto reducido o de 10 mil millones, pero la entidad que la promueve siempre debe ser fiel a sus principios, a su realidad, y estar totalmente dispuesta a escuchar la realidad del otro”.

Hace aproximadamente un par de años, un día contacta con P.A.U. Education el BBVA con el objetivo de desarrollar un proyecto educativo. ¿Cómo reciben ese encargo?

Tal como has dicho, en este caso, el proyecto nace de una petición de BBVA, y lo hace con criterios bastante objetivos: ellos tienen un proyecto por la educación en Latinoamérica y se plantean crear un programa de educación financiera en España, para empezar. Y se lo plantean sabiendo que las instituciones internacionales (OCDE, Unión Europea…) apuestan por la financial education en un entorno complejo de crisis que ha revelado la escasa alfabetización financiera de la población. Hay una preocupación por instalar o reforzar la educación financiera en España. Así, cuando tú recibes esta propuesta, que no es todavía ni un encargo, tienes dos reacciones posibles: la primera es pensar “fantástico. Educación financiera, lo hacemos desde hace años. Hemos diseñado los planes educativos de introducción del euro…. Voy a ser capaz de desarrollar una propuesta buena y que sea competitiva”. Pero cuando empiezas a pensar “ya lo tengo”, es cuando debes parar en seco, porque lo que te pide el BBVA no es un programa de financial education, sino un programa de educación financiera que se enmarque dentro de su estrategia de responsabilidad social.

Entonces, lo primero que debemos hacer es empezar a pensar quién es el emisor. El proyecto no debe reflejar sólo contenidos, sino la raíz del compromiso de la entidad, lo que condiciona el planteamiento. Es por eso por lo que creo que en este caso un buen proyecto no lo puede hacer sólo un experto externo; debe ser el fruto de la propia integración. Al final, creo que las buenas acciones de responsabilidad social nacen de la propia inteligencia de la entidad. Soy bastante humilde en este aspecto. Es la calidad del diálogo que tú estableces la que va a permitir hacer cosas innovadoras.

‘Valores de futuro’ hoy cuenta con 650.000 alumnos adscritos, se imparte en más de 30.000 clases de escuelas primarias y secundarias y, sobre todo, es un proyecto percibido como no intrusivo, porque la clave de una propuesta educativa –con un discurso que para mí tiene mucho paralelismo con el discurso de responsabilidad social– no es convencer, sino que tiene como base el diálogo. Toda empresa depende de la calidad del diálogo, que pasa por entender que el otro tiene tanto a aportarte como tú a él. En la práctica es tan sencillo como empezar a reconocer que el otro es tan importante como tú.

En el caso de ‘Valores de futuro’ consiste en partir de que “no es tanto lo que nosotros, como BBVA, queremos decir, sino cómo los que a quienes nos dirigimos pueden apropiarse de la materia y hacerla suya”. El sistema debe basarse en escuchar y apostar por un marco participativo.

Es por eso que en el diseño estratégico dedicamos muchísimos meses a organizar reuniones con profesores, una etapa que me encanta, porque tocas la realidad y la dureza de lo que puede llegar a ser. La primera clave está en cómo se plantean estos primeros contactos; en la primera fase no sólo trabajamos para BBVA, sino con BBVA.

La primera pregunta que les hicimos nace de una preocupación: nos parece que la representación que muchos de nosotros, y los propios profesores, se hacen del dinero es un primer obstáculo para la educación financiera. Tú puedes decir “Odio el dinero, odio el capital” o bien “Me encanta el dinero por todo lo que me permite conseguir”; esa diversidad de representaciones nos dificulta la entrada con una propuesta nueva. Por eso el primer trabajo fue la deconstrucción de la representación previa. Empezamos diciendo “Vamos a contestar a tres preguntas: si el dinero fuera un color sería…; si el dinero fuera un animal sería…; y si el dinero fuera un lugar sería…”. De este braimstorming salió que en una reunión de doce personas se dieron 10 o 12 respuestas distintas, lo que nos obligó a empezar por aceptar que no existe una sola representación del dinero. Así, cuando hablemos de educación financiera tendremos presente que también estaremos hablando de dinero, por lo que debemos intentar encontrar una base a par tir de la cuál edificar nuestra propuesta. Sin embargo, no es sólo imprescindible que los receptores hagan suya tu propuesta, también lo es que lo haga el propio emisor.

Una vez establecida la base de diálogo, ¿cuáles fueron los siguientes pasos?

Una vez establecido el proyecto participativo, definimos lo que denominamos Los Siete Principios Educativos de BBVA. Lo que queríamos desde el primer momento era entrar en el mundo escolar con transparencia.

Ten en cuenta que la toma de consciencia de los futuros clientes de los bancos pueden conllevar menos negocio en algunos aspectos; menos errores que en su momento beneficiaron a los bancos… Y el criterio que se aplica en este proyecto formativo es el mismo que se aplica internamente en la empresa; para que el proyecto tenga valor no debíamos solo presentarlo a los alumnos, a las escuelas, sino que los propios empleados del banco debían ser los primeros en apropiarse del proyecto.

Por eso hicimos sesiones con los empleados respecto a Valores de Futuro. Cuando haces responsabilidad social es esencial que entiendas que debe empezar en tu propia empresa; no es verdad que los empleados no tengan tiempo, o no tengan interés, o no quieran dialogar…, lo que a menudo es cierto es que tú piensas que es así y por eso ni siquiera lo planteas. Al final, lo que queda es la autenticidad y la apuesta, ahí no puedes dudar, no hay término medio; si admites la responsabilidad debes ir a por todas.

¿Qué papel juega el profesor y cuál el empleado en este proyecto?

Primero, el empleado es un usuario de este problema, en tanto que tiene hijos, tiene familia…, de modo que no existe la desconexión entre empleado del banco y persona externa a la entidad.

El primer papel del empleado es hacer suyo el proyecto. Por otro lado están los profesores como pilares del proyecto; son ellos quienes reciben las propuestas educativas, son ellos quienes tienen la autoridad y la visión de su grupo para elegir por dónde debe arrancar el programa. Entre ambos creamos una intermediación que permite a las escuelas que lo deseen que empleados del banco –voluntarios– vayan para impartir talleres muy específicos, en los que están formados y mediante los que, a petición del propio profesor, pueden apor tar unos conocimientos y una visión más técnica. Por ejemplo, uno de los talleres que congrega más empleados, incluso más allá de sus horas de trabajo, como par te del compromiso con BBVA pero también como parte de su compromiso personal, es: planificar la paga semanal (ésta es la actividad más concurrida). Eso permite que los niños vean al empleado en una relación más cercana, fuera del contexto de la oficina bancaria, más de tú a tú, lo que nos sirve para empezar a redimensionar el problema difundiendo la idea de “soy voluntario para ayudar a que una idea pueda arrancar en un determinado entorno social.” Eso es clave.

A lo largo del proyecto, hay un concurso de ideas y propuestas que premia a las clases que culminan el proyecto y cuyo premio destacado es participar en un campamento ‘Valores de futuro’ de una semana. Este campamento lo montamos, en base a valores, con la organización United World Colleges. Porque el objetivo es crear multiplicadores de este discurso para crear valor social, de modo que seguramente conseguirá un impacto positivo para mí.

Cuando ves que el banco destina millones de euros a sus proyectos educativos en todo el mundo, entiendes que esto sólo se puede justificar de cara a los inversores si detrás hay una visión sobre el desarrollo humano y social a medio o largo plazo. Creo que en el mundo de hoy, de dificultades económicas pero también de compromiso, no puedes dar marcha atrás ante los problemas, porque eso implica que no se entiende que la responsabilidad social es un tema de cooperación y de alianzas. BBVA ha entendido que para cambiar actitudes e influir en comportamientos tanto de su propia gente como de la sociedad, tiene que salir de su organizacion y abrirse al mundo.

  Enviar entrevista






CAPTCHA Image