Una vez más… las de carácter cultural y entre ellas el liderazgo. Si no hay un convencimiento de la alta dirección de que este proceso de transformación es positivo para el propio negocio o actividad, no se llevará cabo o llevará aparejado un factor de riesgo importante.
A todas sin distinción de tamaño. Lo que puede condicionar es el tipo de puesto no el tamaño, ya que hay puestos que hoy en día tienen limitaciones espacio-temporales pero quizás en el futuro desaparezcan. Imaginar una intervención quirúrgica a distancia es ya una realidad si bien muy minoritaria, pero la mayoría de las actividades de postventa como el mantenimiento o la asistencia técnica siguen requiriendo de la presencia. Otros puestos no permiten flexibilidad temporal.
En términos de flexibilidad espacial estamos asistiendo a un relevante retroceso con el riesgo de si no logramos pararlo llegar a cifras prepandémicas con un exiguo 8-10% de teletrabajadores en nuestro país.
Para los profesionales es obvio que mejora su calidad de vida, permite tener una vida más plena sin renunciar a un desarrollo profesional. Para las empresas permite atraer más y mejor talento, así como fidelizar al existente incrementando el compromiso de éstos y la experiencia empleado.
Tenemos como sociedad que estar muy vigilantes de este tipo de prácticas que pretenden tomar atajos que no conducen a una perdida de la credibilidad de la empresa. Este proceso como ya hemos dicho requiere de una transformación cultural y este es siempre un proceso lento y complejo que necesita de muchos años para completarse. Una empresa saludable es mucho más que aquella que pone una cesta de frutas en la sala de visitas o en el office, precisará de un liderazgo y un estilo de dirección que promueva comportamientos directivos alineados y esto… no es flor de un día.
Debe estar basado en la confianza y respeto mutuo, propiciar una escucha activa genuina, orientado a los resultados y no a la presencia y por último destacaría que un rasgo vital del comportamiento debe ser el EQUILIBRIO. Equilibrio en sus actuaciones y en sus decisiones más cotidianas.
Trabajamos en torno a tres grandes conceptos como son la sostenibilidad, la salud mental y la diversidad generacional, y la conclusión siempre se dirige en la misma dirección, la formación humanística de los líderes hasta ahora muy dominada por la parte económica-financiera. Necesitamos humanizar nuestras organizaciones pues la IA y la robotización acabarán haciendo la mayor parte de las tareas pero nunca podrán sustituir la inteligencia emocional, la empatía, el cariño, la simpatía etc.
Por supuesto aprovechar los avances y ventajas de la tecnología que nos va a permitir ser más productivos y con ellos poder dedicar más tiempo al ocio y a lo que de verdad importa. También estamos asistiendo a un envejecimiento de la población y las plantillas por lo que vemos que la conciliación relacionada con el cuidado está virando hacia los mayores y la dependencia asociada.