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Especular con alimentos y acapar tierras, algunas de las causas del hambre en África
José Mª Vera,
director general de Intermón Oxfam
21/05/2013
José María Vera lleva poco menos de un año al frente de Intermón Oxfam, organización en la que trabaja desde 1993. Su experiencia le permite analizar la pobreza desde una perspectiva que tiene en cuenta las especificidades de cada territorio sin perder de vista el contexto global. Cuando la cooperación al desarrollo pasa por horas bajas en España, Vera insiste en la importancia de la presión ciudadana para provocar cambios y luchar contra la pobreza y las desigualdades.
¿Cuáles son las grandes causas de la pobreza?
Son diferentes en cada zona. Simplificando, diría que siempre se da una combinación de causas locales y globales. Hay razones que tienen que ver con una distribución de los recursos originaria, con temas étnicos o religiosos o con injusticias históricas, que no están asociadas a la especulación financiera internacional o al cambio climático. Pero hay otras dinámicas que tienen un origen global.
En el caso del hambre en África, por ejemplo, hay que decir que el sistema alimentario está roto, está desgobernado y es caótico. En los sistemas comercial o financiero existen normas e instituciones a las que uno puede acudir. En el sistema alimentario, no. Existe la FAO, que desarrolla algunos programas, pero que no tiene ninguna capacidad para establecer reglas y para exigir que se cumplan. En este sistema roto influyen varios factores. Uno de ellos es el cambio climático, que no afecta igual a todos los países, pero que, por ejemplo, en el Sahel tiene un efecto muy notable. Otro es la especulación financiera sobre alimentos, que se han convertido en una commodity más. El efecto de la especulación es multiplicador del que se produciría naturalmente por las malas cosechas cíclicas. Un tercer factor es la baja inversión en los pequeños agricultores, que al final son quienes sostienen los mercados locales y producen de manera diversificada. Y, por último, está el acaparamiento de tierras. En África, en los últimos diez años los inversores internacionales –tanto empresas como estados– han comprado una extensión semejante a España entera. Lo que se produce en esa tierra se destina al 100% a la exportación, y el 60% de ese producto es para biofueles.
Los problemas relativos a la seguridad alimentaria empiezan a llegar de forma masiva a la opinión pública. Si ha de haber presión ciudadana, debe ser desde el conocimiento.
Desde el conocimiento y desde la cercanía. Por eso, intentamos construir una narrativa que refleje un nosotros común. Por ejemplo, explicamos el acaparamiento de tierras mostrando sus semejanzas con los desahucios. En algunos casos, el acaparamiento se produce por compra abierta, pero en otros hay expulsiones violentas. Las raíces económicas de estas expulsiones y de los desahucios no son las mismas, pero en los principios que subyacen se encuentran algunas similitudes. En el ámbito de los valores y los sentimientos, ambas situaciones tienen su parecido. Te arrancan de la raíz del vecindario, de la sociedad, de lo que has vivido y de lo que has construido.
En los últimos años, la crisis económica ha incrementado el nivel de pobreza en nuestro país. ¿Este hecho ha producido cambios en el destino de los fondos que gestiona Intermón Oxfam?
Nunca hemos trabajado en la acción social directa en España y por ahora no está sobre la mesa. Dicho esto, por supuesto que somos sensibles a la nueva exclusión y a la pobreza creciente que hay en nuestro país. Además, creemos que podemos aportar una lectura en relación con nuestra experiencia en las situaciones de crisis en América Latina y en Asia, y participar con respuestas organizativas y con alianzas. Así lo hemos intentado hacer con el informe “Crisis, desigualdad y pobreza”, que presentamos a finales del año pasado.
A nivel internacional, sí que ha habido cambios en la distribución de los fondos a lo largo de la última década. Algunos de los que se dirigían a América Latina se han derivado hacia África. Las crisis humanitarias más recurrentes se producen en este último continente y las necesidades son más altas. A pesar de la situación que se vive en España, la renta de un país medio en el Sahel es cincuenta veces inferior a la renta per cápita española. Hablamos de algo estratosféricamente distinto.
Es cierto que la pobreza se mide en unidades distintas.
En España empieza a haber datos de malnutrición, pero la situación no es comparable a la de otros países. Las capacidades que el país tiene no justifican que esta situación se dé. No hemos tenido una caída de la renta per cápita tan acusada como para lo que se está generando.
En el informe aportamos datos de proyección de la evolución de la pobreza en España si se siguen aplicando las mismas medidas. Observamos cómo ha crecido la pobreza en España en cuatro años de crisis, y lo proyectamos a diez años. El resultado es de un 38% de la población, 18 millones de personas, en pobreza o en riesgo de pobreza y exclusión, según los indicadores de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza. Hacemos esa misma proyección y vemos cómo aumentó el porcentaje de personas que vivían en la pobreza en América Latina en la década de la crisis de los ochenta y noventa. El resultado es el mismo. Que ambas proyecciones coincidan exactamente es una casualidad, pero sí que marca tendencia.
La crisis de la deuda europea no escapa a la comparación con los antecedentes de América Latina.
Aquí se llama austeridad y allí ajuste estructural, pero el mix de políticas es el mismo. En América Latina vemos ahora que ya no tiene tanto sentido actuar en programas de educación o de salud de forma directa. Hay que exigir a los gobiernos que los recursos nuevos que se están generando se invier tan en políticas públicas.
En la investigación de Oxfam sobre las diez mayores empresas de alimentación se afirma que no respetan los derechos básicos de los agricultores. ¿Puede darse esta actuación en paralelo a otras buenas prácticas?
Sí, muy especialmente cuando son grandes. La diversificación y la presencia en muchos paísves generan una situación compleja. Las grandes multinacionales impulsan iniciativas de acción social que seguro que son positivas, pero deberían prestar mucha más atención a sus cadenas de proveedores. El poder de una multinacional sobre sus proveedores no es absoluto, pero es muy fuerte.
¿En qué sentido no se respetan los derechos humanos en las relaciones laborales?
Se puede hablar de violencia, de la inexistencia de contrato o de trabajar sin saber lo que se cobra cada día. Es todo el paquete de las condiciones. Cuando nos referimos a los derechos humanos, por suer te, ya no pensamos sólo en derechos civiles y políticos, sino que también hablamos de derechos económicos, sociales y culturales. Por ejemplo, en la cadena del cacao, que es la que analiza el informe, a los productores se les debe permitir vivir de una manera digna, y deben recibir una remuneración estable y justa.
El cacao es uno de los productos más habituales en el comercio justo. ¿Qué le falta a este tipo de comercio?
Podemos mejorar en marketing. De todas maneras, ha habido grandes cambios en el packaging del cacao, y tenemos pruebas de ello con las grandes cadenas. Por ejemplo, Carrefour vendía antes dos de nuestros chocolates y ahora vende todos los de la gama. Es un chocolate que compite en precio, calidad, imagen y gusto con los mejores de las grandes marcas. El componente de justicia es un elemento añadido.
Entonces, ¿otra línea de trabajo pasa por conseguir que las grandes superficies amplíen su gama?
Sí. Los productos alimenticios de comercio justo están funcionando bien en los supermercados, y las acciones llevadas a cabo por los consumidores tienen mucho que ver con ello.
¿Cómo ha evolucionado la financiación de Oxfam?
Obtenemos alrededor de un 65% de nuestra financiación de manos privadas y un 35%, por la vía institucional. Hace seis años, de ese 35% un 80% provenía de España y un 20% eran fondos internacionales. El próximo año va a ser al revés: la financiación institucional internacional nos permitirá equilibrar la caída drástica de las partidas de cooperación de las Administraciones Públicas españolas.
En cuanto a las empresas, nunca han sido una fuente masiva para Intermón Oxfam. La colaboración siempre ha sido interesante, y con La Caixa, Ferrovial y DKV hay una relación muy estable. Además, nos han apoyado algunas pymes y hemos recibido fondos de grandes donantes.
Pero, sin duda, nuestra base son unos 180.000 socios donantes a título individual. Son muy perseverantes, y algunos de ellos incluso suben su cuota en las condiciones actuales. Hay otros casos sobrecogedores, de personas que se quedan sin empleo y tienen que reducir sus aportaciones, pero se mantienen como socios. Antes de hacer cualquier gasto, pensamos mucho en la responsabilidad que tenemos hacia esa gente.
Por último, estamos innovando y buscando nuevas vías de financiación. En algunos casos, como los Trailwalkers, ya nos funciona, pero tenemos que mejorar. Cada vez tenemos más clara la idea de que para captar dinero, primero hay que adherir personas. Desde Oxfam podemos ofrecer mucha seriedad, rigurosidad y experiencia, pero seguramente podemos mejorar en empatía y vínculos emocionales con quienes nos apoyan.
Precisamente, en el mes de abril se ha celebrado el Trailwalker en Barcelona. ¿Cómo funciona?
Es una carrera de cien kilómetros cuyo objetivo es captar fondos de una manera participativa, con mucha implicación. Cada equipo debe aportar al menos 1.500 euros, aunque algunos aportan mucho más.
Los Oxfams organizan Trailwalkers en unos quince países, desde la India hasta Canadá, pasando por Francia y el Reino Unido. En España tenemos el de Barcelona, y quizás a partir del año que viene haremos dos.
En el Trailwalker de Barcelona, ¿la mayoría de aportaciones vienen de compañías o de particulares?
Una gran parte viene de las empresas, especialmente en aquellos equipos formados por compañeros de trabajo. Sin embargo, también hay equipos que buscan apoyos en el crowdfunding o que organizan muchas otras actividades de captación. Es un fin de semana que se prepara durante meses.
Los participantes acaban muy contentos, y la actividad genera animación en los pueblos de la zona. Va mucho más allá de la cantidad que se recauda, que el año pasado fue de cerca de 650.000 euros.
Las causas locales y globales del hambre en el mundo
El hambre siempre tiene una combinación de causas locales y globales.
Las locales tienen que ver con una distribución de los recursos originaria, con temas étnicos o religiosos o con injusticias históricas. Pero hay otras dinámicas que tienen un origen global: el sistema alimentario está roto y desgobernado y es caótico; el cambio climático; la especulación financiera sobre alimentos, que se han convertido en una commodity más; la baja inversión en los pequeños agricultores, que al final son quienes sostienen los mercados locales y producen de manera diversificada; y, por último, el acaparamiento de tierras. En África, en los últimos diez años los inversores internacionales –tanto empresas como estados– han comprado una extensión semejante a España entera. Lo que se produce en esa tierra se destina al 100% a la exportación, y el 60% de ese producto es para biofueles.
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