Vicente López
15/07/2026

La nuclear encuentra su lugar en la sostenibilidad

Vicente López, Director de Sostenibilidad y Comunicación de ENUSA

La sostenibilidad está redefiniendo el papel de una industria históricamente observada desde la seguridad y la gestión de residuos. Vicente López, director de Sostenibilidad y Comunicación de ENUSA, explica cómo la compañía integra los criterios ESG en su actividad diaria y profundiza en su impacto en la provincia de Salamanca, donde combina industria tecnológica, empleo cualificado y arraigo territorial.

Durante mucho tiempo, la energía nuclear ha tenido una percepción pública compleja, especialmente cuando se habla de sostenibilidad o ESG. ¿Cree que esa mirada está cambiando?

La percepción pública sobre la energía nuclear ha cambiado significativamente, aunque seguimos arrastrando una inercia histórica importante. Durante mucho tiempo ha faltado información clara y transparente, y la narrativa sobre la nuclear estuvo muy centrada en la seguridad y en la gestión de los residuos, que siguen siendo aspectos esenciales, por supuesto.

Pero hoy el debate se está ampliando. Cada vez se analiza más el papel que puede desempeñar la energía nuclear en la descarbonización, en la estabilidad del suministro y en la competitividad industrial. Ese cambio de enfoque también está empujando al propio sector a incorporar con más intensidad los estándares ESG: desde una medición ambiental más rigurosa hasta una gobernanza reforzada, una mayor atención al impacto en los territorios o el impulso de la economía circular.

En ENUSA también estamos aprendiendo a explicarnos mejor, a abrirnos más y a integrar la sostenibilidad como parte de nuestra identidad. No como un añadido externo, sino como una parte central de cada proceso y de cada decisión.

 

¿Cómo se integran esos criterios ESG en la gestión diaria de ENUSA?

Para nosotros la sostenibilidad es una palanca transversal, presente en todas las áreas de la compañía.

Nuestro Plan de Sostenibilidad se estructura en torno a cinco pilares: economía circular, descarbonización, empleador de referencia, operaciones y productos seguros, y responsabilidad corporativa. Esos ejes nos ayudan a trasladar los criterios ESG a la gestión diaria.

Además, esta visión también se refleja en la relación con las áreas de influencia de nuestras instalaciones, donde el diálogo con el territorio y con las entidades locales forma parte esencial de nuestra manera de operar en el día a día.

Entre 2019 y 2024 hemos logrado reducir nuestras emisiones de alcance 1 y 2 en un 75%

En materia ambiental, ¿cuáles son las principales líneas de actuación de ENUSA?

Nuestro compromiso ambiental viene de largo: la fábrica de Juzbado cuenta con certificación ISO 14001 desde 1999 y verificación EMAS desde 2003. Pero, en los últimos años, destacaría tres líneas de trabajo muy concretas. 

La primera es el cálculo y reducción de la huella de carbono. Entre 2019 y 2024 hemos logrado reducir nuestras emisiones de alcance 1 y 2 en un 75%.

La segunda es el plan de ahorro y eficiencia energética, aprobado en diciembre de 2022. Desde entonces hemos reducido un 7% el consumo eléctrico y hasta un 30% el consumo de papel.

Y la tercera es el autoconsumo fotovoltaico. Contamos con una planta de 1,7 MW en la fábrica de Juzbado, que cubre aproximadamente una cuarta parte del consumo de la instalación, y otra de 500 kW pico en el centro minero de Saelices el Chico, con sistema de almacenamiento.

 

En el sector nuclear, la gestión de materiales y residuos es especialmente sensible. ¿Cómo se integra esta cuestión dentro de vuestra estrategia de sostenibilidad?

Forma parte de una estrategia más amplia de sostenibilidad y creación de valor. Trabajamos para hacer un uso responsable y eficiente de los materiales vinculados a nuestra actividad, garantizando siempre seguridad, trazabilidad y cumplimiento regulatorio. En nuestro sector, esos marcos son muy exigentes, como no podía ser de otra forma.

Además, aplicamos criterios de economía circular, reutilización y valorización de residuos tanto en nuestros propios procesos como en la relación con proveedores, reforzando una gestión ambiental alineada con el ciclo de vida de los materiales.

 

¿Esa experiencia os ha permitido desarrollar nuevas capacidades medioambientales más allá de la actividad nuclear?

Sí. Esa experiencia nos ha llevado a diversificar nuestras líneas de actividad y a crear una Dirección de Negocios Medioambientales, centrada en caracterización radiológica y ambiental, diagnóstico y recuperación de espacios degradados.

Un ejemplo claro es el desmantelamiento de centrales nucleares. En España ya estamos colaborando en trabajos vinculados a instalaciones como Zorita o Garoña, para que esos espacios puedan quedar recuperados y reutilizables para otras actividades.

También contamos con ENGRISA, nuestra filial especializada en gestión de residuos industriales, tratamiento y caracterización de suelos y aguas, asistencia técnica a la Administración y consultoría ambiental. Entre otros trabajos, colabora con ADIF en la recuperación de antiguas vías con restos de contaminación.

 

En un sector con esa exigencia regulatoria y de seguridad tan alta, ¿cómo se construye una cultura corporativa alineada con la sostenibilidad?

En los últimos diez años hemos invertido aproximadamente 15 millones de euros en la mejora de los sistemas de seguridad de nuestras instalaciones. Pero la seguridad no depende solo de la inversión, sino de cómo se trabaja cada día.

En ENUSA fomentamos una cultura en la que el rigor y el cumplimiento de los procedimientos forman parte del trabajo bien hecho. Cada decisión y cada actuación individual tienen impacto en el conjunto de la organización.

También es esencial la transparencia interna. Una cultura alineada con altos niveles de exigencia en seguridad necesita espacios donde se puedan comunicar incidencias, dudas o mejoras sin miedo y con un enfoque de aprendizaje. Esa cultura preventiva es clave en una actividad como la nuestra.

 

Ahora entramos en la “S” del ESG, ¿qué peso tienen las políticas sociales dentro de ENUSA?

En ENUSA la dimensión social se traduce, en primer lugar, en empleo estable, de calidad y altamente cualificado. Actualmente, el 91% de la plantilla tiene contrato fijo, un dato especialmente relevante en una actividad industrial y tecnológica como la nuestra.

En materia de diversidad, fuimos la primera empresa pública en adherirnos al programa EMIDIS, Empresas por la Diversidad, promovido por la Federación Estatal LGTBI+, con el objetivo de generar espacios de trabajo seguros, sensibilizar y formar a las personas de la compañía.

Además, entendemos la dimensión social desde nuestra relación con los territorios donde operamos. Generamos empleo, actividad económica y conocimiento, especialmente en Salamanca, donde se concentra una parte muy relevante de nuestra actividad.

 

¿Qué implica desarrollar una actividad industrial tan especializada en ese contexto rural?

ENUSA mantiene una relación muy estrecha con la provincia de Salamanca. De nuestros tres centros de trabajo, dos están allí: la fábrica de combustible nuclear de Juzbado y el centro minero de Saelices el Chico.

Son zonas rurales, con poblaciones pequeñas, que necesitan actividad económica, empleo y proyectos industriales capaces de aportar valor añadido. En ese contexto, nuestra presencia supone incorporar una actividad tecnológica y altamente especializada en un territorio donde este tipo de oportunidades no siempre son habituales.

Además, entre ambos centros de trabajo suman aproximadamente el 70% de la plantilla de ENUSA. Nuestra actividad genera empleo directo, empleo indirecto y una demanda cualificada que impulsa también un tejido industrial de apoyo en el entorno.

ENUSA aporta aproximadamente el 30% de las exportaciones de Salamanca

¿Hasta qué punto impacta la actividad de ENUSA en el tejido económico de la provincia?

ENUSA aporta aproximadamente el 30% de las exportaciones de Salamanca. Año tras año, la compañía encabeza las exportaciones salmantinas y prácticamente uno de cada tres bienes que salen de la provincia con destino a otros países procede de nuestra actividad.

Ese impacto va más allá del dato económico. Nuestra actividad genera empleo cualificado, refuerza el tejido productivo y posiciona a Salamanca en una industria tecnológica de alto valor, vinculada al ciclo del combustible nuclear y a la seguridad energética.

Por eso creemos que Salamanca y ENUSA forman un binomio que debemos seguir cuidando.

En muchas zonas rurales, atraer y retener talento es uno de los grandes desafíos. ¿Cómo lo abordáis desde ENUSA?

Más que atraer talento desde fuera, lo que intentamos es generar oportunidades para que el talento pueda desarrollarse en el propio territorio. Somos un centro de trabajo altamente especializado, con una demanda de profesionales cualificados: prácticamente todos los perfiles requieren, como mínimo, formación profesional, y el 47% de nuestra plantilla son titulados universitarios.

Más de 400 personas de Castilla y León trabajan en ENUSA y, si sumamos a sus familias, el impacto en el territorio es muy relevante. Además, alrededor de 30 personas proceden directamente de Juzbado, Saelices el Chico y sus zonas más cercanas. En municipios de apenas un centenar de habitantes, esa cifra tiene un impacto enorme.

También contamos con programas de becas y prácticas con distintas instituciones educativas, que permiten a jóvenes de la región tener una primera experiencia en el mercado laboral. Eso significa que personas que estudian FP tecnológica o carreras universitarias pueden desarrollar su futuro profesional en Salamanca o en su entorno, sin necesidad de marcharse a Madrid u otras grandes ciudades.

 

Más allá del impacto económico y laboral, ¿cómo se articula vuestra relación con los municipios del entorno?

Desde 2013 contamos con un Plan de Patrocinio y Mecenazgo que define nuestras áreas prioritarias de actuación. Colaboramos con ayuntamientos del entorno para impulsar proyectos sociales, culturales y deportivos que contribuyen al desarrollo local y a mejorar la calidad de vida en estos municipios.

En los últimos cinco años hemos contribuido a más de 29 programas presentados por diferentes ayuntamientos, con una aportación cercana a los 200.000 euros. Para municipios pequeños, estas ayudas tienen un impacto importante: permiten dinamizar la vida cultural, deportiva o social de los pueblos y refuerzan nuestra relación con el territorio.

También mantenemos una comunicación fluida con las instituciones locales y medimos periódicamente la satisfacción de distintos grupos de interés. Queremos que nuestra actividad se perciba desde la cercanía, como la de un actor industrial comprometido con el entorno en el que opera.

ENUSA forma parte de una infraestructura industrial clave para Europa

¿Qué puede aprender otra empresa que quiera generar impacto real en un territorio rural?

Creo que no se trata de replicar una actividad concreta, sino un enfoque: empleo de calidad, inversión a largo plazo, innovación y compromiso con el territorio. ENUSA demuestra que es posible desarrollar industria sostenible y con impacto positivo en entornos rurales si hay visión, estabilidad y cercanía.

 

Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son los principales retos de ENUSA desde el punto de vista empresarial y de sostenibilidad?

Tenemos un doble papel en la transición energética. Por un lado, seguir siendo un actor industrial estratégico y fiable en el ciclo del combustible nuclear, garantizando la seguridad de suministro y contribuyendo a reforzar la autonomía energética de la Unión Europea.

Por otro, avanzar como referente en sostenibilidad, innovación y cultura organizativa, integrando los criterios ESG en toda la cadena de valor.

Hay un dato muy relevante: dentro de la Unión Europea solo existen cuatro fábricas de combustible nuclear, y una de ellas es la nuestra, en Salamanca. Además, cerca del 70% de nuestra producción se exporta a otros países europeos. Por eso, ENUSA no es solo una fábrica española: forma parte de una infraestructura industrial clave para Europa.

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