ENTREVISTA

Es posible compaginar una actividad empresarial rigurosa con un impacto social alto


Josep Santacreu,

consejero delegado de DKV Seguros

Josep Santacreu 29/01/2019

Bajo la dirección de Josep Santacreu, DKV Seguros se ha convertido en los últimos 20 años en un referente de la Responsabilidad Social en España con múltiples proyectos relacionados con el medio ambiente, la infancia, la integración laboral o la vida saludable, tanto internos como en colaboración con más de 200 ONG, con un total de más de 8 millones de euros en donaciones y más de 900.000 beneficiarios. Hacemos un repaso a estas dos décadas de trayectoria socialmente responsable.

 

El programa de Responsabilidad Social Corporativa de DKV acaba de cumplir 20 años. ¿Qué balance hace?

Hace 20 años, cuando iniciamos este camino, la RSE era un terreno poco explorado que generaba muchas reticencias, dudas y polémicas, pero en este tiempo se ha producido un cambio importante. Ha cambiado la percepción de la ciudadanía que identifica la pobreza, el desempleo, la desigualdad o el medio ambiente como los grandes retos de la humanidad y considera que, además del sector público y las ONG, la empresa privada puede contribuir a solucionarlos y ser un agente de cambio. Por su parte, las empresas también han evolucionado. Se han dado cuenta de que pagar impuestos y cumplir la ley es una visión limitada y que se puede desarrollar una empresa rentable y sostenible con una mirada más generosa y más comprometida con la sociedad que le rodea. Hemos pasado de la acción social y de colaborar con colectivos desfavorecidos a crear valor con los grupos de interés y ahora estamos en una fase que va más allá, en trabajar con otros con los que compartimos valores.

Nuestra compañía ha recorrido todo este trayecto con unos inicios de tanteo, de ensayo y error, de irnos convenciendo y probar lo que hacían en entornos más avanzados hasta convertir la responsabilidad como parte de nuestra esencia y constatar que ser responsable es un elemento muy importante para la compañía, tanto para posicionarnos en el mercado como para garantizar nuestro crecimiento rentable.

 

¿Cuál cree que es la asignatura pendiente?

Siempre decimos que nuestra asignatura pendiente es que somos poco dados a explicar lo que hacemos a nuestros grupos de interés. Si tenemos en cuenta este cambio social, los grupos de interés están más deseosos de saber que las empresas con las que se relacionan actúan de una manera o de otra. Este es uno de nuestros retos, dar a conocer todo lo que hemos hecho y lo que estamos haciendo.

 

¿Cuáles son las acciones en el ámbito de la Responsabilidad Social que destacaría?

En el ámbito social, indudablemente, la iniciativa más tangible es la Fundación Integralia DKV que empezó en el año 2000 y la apuesta por la integración socio-laboral y la colaboración con distintas ONG es su bandera más importante. Pero también destacaría que hemos sido pioneros en el ámbito medioambiental y que, desde el año 2007, somos CeroCO2. Hemos ido por delante de los tiempos y un ejemplo de ello es el Observatorio DKV de Salud y Medioambiente que hemos organizado junto con ECODES con la voluntad no solo de realizar recomendaciones a nuestros clientes o hacer campañas, sino de crear un think tank, una corriente de conocimiento y de opinión en la sociedad, que llame la atención a políticos, a líderes de opinión y a la ciudadanía sobre temas que hemos estado revisando como la acústica, el agua, la alimentación o invertir en estilos de vida.

 

Además, DKV se ha caracterizado por ser un ejemplo de transparencia…

Desde el principio quisimos ser punta de lanza en transparencia. Muestra de ello es que publicamos nuestro primer informe medioambiental y social en 2001 y desde entonces hemos ido evolucionando las memorias. Vemos la Memoria de Responsabilidad Social como un instrumento de transparencia y mejora continua porque sirve para medir y compararte con el mercado, con el sector y con el mundo empresarial. Por otra parte, esta idea de trasparencia y claridad también la hemos trasladado a los clientes y en 2002 pusimos en marcha el proyecto de lenguaje claro que, luego, tanto nuestros competidores como el sector financiero ha seguido.

 

Se trata de compartir las buenas prácticas…

Tenemos muchos ejemplos de colaboración con empresas para desarrollar juntos proyectos de carácter social, medioambiental o de transparencia. Uno de los casos más paradigmáticos es la colaboración entre la Fundación Integralia DKV con Konecta.

 

Esta filosofía también la trasladan a sus clientes. ¿De qué manera?

El primer motivo por el que la gente contrata un servicio es tener acceso a los mejores tratamientos y médicos sin las restricciones del sector público. Dicho esto, DKV siempre ha apostado por un enfoque de prevención, de promoción de la salud y del bienestar y, por ello, animamos a nuestros clientes a cuidarse. Una de las apuestas más importantes de los últimos años ha sido el lanzamiento de Quiero cuidarme, una app gratuita y abierta a toda la sociedad que permite realizar un autodiagnóstico de vida saludable. Es decir, calcula tu Índice de vida saludable y te indica cómo puedes mejorar tu estilo de vida para tener una mejor salud y mayor calidad de vida.

 

¿Cuáles son los retos para los próximos 20 años?

El gran reto es consolidar todos los programas que hemos desarrollado y focalizar, con mayor profundidad, en determinadas acciones. Así pues, continuaremos dando más pasos en el ámbito medioambiental, vamos a seguir trabajando en la Fundación y en la prevención de la salud. Además de trabajar en estos tres ámbitos, como compañía queremos tener una posición pública más clara y directa, un rol de activista. Creo que, después de 20 años, tenemos la autoridad moral suficiente para explicarlo a nuestros grupos de interés, pero también para tomar un rol de avanzadilla en el mundo empresarial y animar a las organizaciones a sumarse a este movimiento transformador.

 

En estos 20 años, ¿de qué se siente más orgulloso Josep Santacreu? ¿Qué huella ha dejado en todas estas iniciativas?

En estos temas, siempre digo que hay una parte personal de impulso del primer ejecutivo de una compañía que apuesta por la Responsabilidad Social y que genera un movimiento que luego se hace grande y funciona por sí mismo. Seguramente, la Fundación Integralia DKV es una de las acciones de las que más orgulloso me siento porque hay gente querida a la que les ha cambiado la vida, pero, si lo miro con perspectiva, pienso que nuestra apuesta medioambiental y el hito de convertirnos en CeroCO2 en 2007 va a ayudar a que los niños de hoy tengan un mejor planeta dentro de 25 años.

Desde hace años, uno de mis objetivos ha sido trabajar para demostrar que es posible compaginar una actividad empresarial rigurosa con un impacto social alto. Uno de mis objetivos personales importantes es contribuir a que las personas que se dedican al mundo de la empresa lo vean como algo normal y tengan referentes y, para ello, tiene que haber gente que, en un momento determinado, haya decidido dar el paso. Después de 20 años, DKV ha crecido rentablemente y nuestro compromiso social ha contribuido a ello. Creo que es perfectamente posible que existan figuras del mundo empresarial que, a su vez, puedan ser actores sociales de primer orden.

 

Precisamente esta implicación personal le ha hecho merecedor de la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña…

Hemos llegado al punto de que la ciudadanía espera que una empresa diga estas cosas. Ha sido un camino en el que la sociedad ha ido madurando y algunos hemos intentado contribuir a ello. Para mí, ha sido un objetivo vital contribuir a que seamos referentes en temas medioambientales, de acción social, de transparencia y un ejemplo a seguir por otras empresas del Grupo y del sector. Personalmente me siento relativamente satisfecho porque han cambiado mucho las cosas, pero a su vez tengo la sensación del vaso medio vacío porque creo que podría haber hecho mucho más.

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