Carmen de Pablo
16/07/2026

La reinvención de Moeve: transformar la energía con moléculas verdes

Carmen de Pablo, CFO, Director IT, Strategy & Sustainability de MOEVE

Durante casi un siglo, su negocio estuvo ligado a la energía fósil. Hoy, Moeve busca redefinir ese legado desde una transformación que va mucho más allá de un cambio de marca. La antigua Cepsa afronta una reconversión industrial, financiera y estratégica que pasa por vender activos tradicionales, redirigir inversión hacia transición energética y apostar por hidrógeno verde, biocombustibles y química sostenible como pilares de futuro. Carmen de Pablo, directora financiera, Estrategia y Sostenibilidad, explica cómo esta nueva hoja de ruta aspira a convertir a la compañía en un actor clave de la autonomía energética europea.

¿Qué ha cambiado de verdad en Moeve desde que la transición dejó de ser discurso para convertirse en estrategia industrial?

Somos una compañía centenaria. Si hubiéramos tenido esta entrevista hace 2 años nos llamaríamos Cepsa. Ahora ya es Moeve y estamos en plena transformación desde 2022, cuando presentamos nuestra estrategia Positive Motion.

Esta transformación supone un cambio profundo en el negocio, el propósito y la visión de la compañía. Queremos convertirnos en líderes de la transición energética y ser parte de la solución para avanzar en la independencia energética en Europa y también en España.

Desde que presentamos Positive Motion hemos vendido más de un 70% de nuestros activos de exploración y producción y estamos apostando de forma muy potente por toda la estrategia de moléculas verdes, química sostenible y movilidad eléctrica.

En 2025, el 55% de nuestras inversiones, más de 1.000 millones de euros, se destinaron a proyectos en transición energética.

 

¿Dónde se hace visible sobre el terreno esa transformación y qué proyectos demuestran que ya no hablamos solo de estrategia?

Estamos desarrollando el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde y el mayor complejo de biocombustibles de segunda generación del sur de Europa. Además, este año tendremos en operación nuestra primera planta de IPA (alcohol isopropílico) en España, también en Huelva.

Son inversiones de más de 2.200 millones de euros que van a generar miles de puestos de trabajo y dinamizar la actividad industrial. Vamos a producir hidrógeno verde y combustibles sostenibles como biocombustibles, diésel renovable HVO100 o SAF, fundamentales para descarbonizar sectores donde es especialmente difícil hacerlo, como la industria intensiva, el transporte marítimo, aéreo o el pesado por carretera.

 

¿Qué ocurre cuando sostenibilidad, estrategia y dirección financiera pasan a decidir desde el mismo núcleo?

La sostenibilidad se ha incorporado en toda la toma de decisiones y forma parte de nuestro ADN. El cambio fundamental está en cómo asignamos capital.

Antes el foco estaba en optimizar la rentabilidad. Hoy, además del retorno, analizamos cómo juega cada inversión en el posicionamiento estratégico de Moeve. La rentabilidad sigue siendo imprescindible, pero introducimos variables como sostenibilidad, KPIs ESG, evolución regulatoria, resiliencia de los activos o madurez tecnológica.

Hay proyectos atractivos en términos financieros, pero que quizá no tienen tanto sentido estratégico, y otros que son clave porque construyen la base del negocio que queremos ser a futuro. En el fondo, pasamos de optimizar el presente a diseñar un futuro.

 

¿Cómo se convierte una transformación de esta escala en una hoja de ruta financieramente sólida?

Nosotros estamos en un sector intensivo en capital y con horizontes largos. Son inversiones que acometes y que llevan varios años. Por eso la clave no es solo decidir en qué invertir, sino también cuándo, cómo y en qué secuencia.

La asignación de capital tiene que ser selectiva y cada inversión debe reforzar la siguiente sin tensionar el balance. En Moeve estamos dedicando mucho esfuerzo a decidir no solo en qué invertimos, sino cuándo. La secuencia es clave y hay inversiones que están abriendo el camino hacia otras.

 

El Valle Andaluz del Hidrógeno Verde simboliza buena parte de esa transformación. ¿En qué punto real se encuentra hoy?

Próximamente vamos a iniciar la construcción de la primera fase, Onuba, junto a nuestro parque energético de la Rábida, en Huelva. Contará con una capacidad de 300 megavatios, con una opción de ampliación de otros 100 megavatios adicionales.

Es un proyecto que va a suponer una inversión bruta de en torno a 1.000 millones de euros y que generará cerca de 10.000 empleos. Esta capacidad de electrólisis de 300 megavatios podrá producir unas 45.000 toneladas de hidrógeno verde al año, lo que evita unas 250.000 toneladas de CO2, equivalente a todas las emisiones de los turismos de combustión de Huelva, Cádiz y Jaén.

Es un proyecto estratégico a nivel europeo, reconocido como Proyecto de Interés Común por la Unión Europea, con una subvención de 304 millones a través del PERTE del Gobierno de España, financiado con fondos Next Generation, y también incluido por la Junta de Andalucía dentro de su unidad aceleradora de proyectos.

 

Más allá de la inversión, ¿qué exige transformar una infraestructura energética tradicional en una nueva plataforma industrial?

Supone pasar de operar activos tradicionales con los que llevamos casi 100 años a integrar nuevas cadenas de valor, tecnologías emergentes, nuevas materias primas y mayor interconexión entre procesos. Esto exige rediseñar cómo producimos, cómo gestionamos la energía y también cómo trabajamos.

También tiene un impacto muy relevante a nivel organizativo. Estamos incorporando nuevas capacidades tecnológicas, operativas y comerciales que nos obligan a integrar equipos y trabajar de forma mucho más transversal. Al final estamos transformando no solo nuestros activos, sino también cómo operamos como compañía.

El 55% de las inversiones de Moeve en 2025, más de 1.000 millones de euros, ya se dirige a transición energética

¿Hasta qué punto una transformación industrial como esta depende también del respaldo institucional y de la regulación?

Este proyecto, y un poco la estrategia que estamos abordando, va a permitir también a España ser un vector y un polo de atracción industrial, de inversión, de crecimiento, de generación de empleo. En definitiva, es un proyecto de país.

En un contexto, además, de necesidad de independencia energética de Europa y de España que, si cabe, a día de hoy es todavía más relevante.

Para escalar los proyectos de hidrógeno lo que necesitamos es electricidad renovable competitiva y en España la verdad es que somos privilegiados ya que tenemos un sector que hace más de 25 años empezaba a desarrollarse y ahora es también uno de los líderes en Europa.

 

Más allá del hidrógeno, ¿qué otras tecnologías serán decisivas para descarbonizar sectores donde electrificar no basta?

El futuro va a ser multienergía. En Moeve hablamos de moléculas verdes para agrupar todas las energías de origen sostenible y renovable que son capaces de descarbonizar distintos sectores que son muy difíciles de abordar. Hablamos de soluciones inmediatas, como los biocombustibles de segunda generación, que se pueden utilizar en los motores de combustión actuales. En este aspecto, ya estamos produciendo SAF y diésel renovable HVO100 a partir de residuos agrícolas y aceites usados, capaces de reducir hasta un 90% las emisiones de CO2 en su ciclo de vida comparado con los combustibles tradicionales.

Además, estas moléculas verdes tienen otra importante virtud para nuestra economía: la dotan de autonomía estratégica. Sustituyen materias primas tradicionales importadas por otras que tenemos aquí, como el sol, el viento y la biomasa. Produciendo energía en Europa y para Europa dotamos de certidumbre a la industria y el transporte, lo que nos hará más competitivos.

 

¿Dónde se están viendo ya avances tangibles y dónde siguen estando hoy los grandes límites de escala?

En la industria es donde estamos viendo mayor tracción. Sectores como refino, fertilizantes, la propia química, ya utilizan hidrógeno verde que sustituye al hidrógeno gris. Esto va a ser un cambio progresivo, pero muy real.

Luego el transporte. Aquí el avance es más desigual, porque en aviación y en marítimo lo más tangible hoy no es tanto el hidrógeno directo como sus derivados: combustibles sostenibles, SAF, metanol o amoniaco, donde ya hay proyectos en marcha y primeros acuerdos de suministro.

Y donde todavía quizá hay más limitaciones es en el transporte pesado por carretera o en el uso directo del hidrógeno a gran escala, donde hay retos como el coste, la infraestructura de repostaje o la eficiencia frente a otras alternativas como la electrificación.

 

La química sostenible suele ser menos visible que otras palancas de transición. ¿Por qué puede convertirse en una ventaja diferencial?

La química está plenamente integrada en nuestra cadena de valor y juega un papel clave en nuestro modelo. Somos referentes mundiales en el sector y nuestro objetivo es liderar la transformación hacia un modelo mucho más sostenible, con un compromiso claro de descarbonización y de neutralidad climática.

 

¿Qué representan plataformas como Next-Lab o NextPhenol en esa transformación de producto?

Hemos lanzado nuestra plataforma de productos Next que mantiene las mismas características técnicas y desempeño que los productos tradicionales, pero con una huella ambiental mucho más reducida.

NextLab es una nueva familia de productos surfactantes que reduce hasta un 100% la huella de carbono respecto al producto de origen fósil. NextPhenol tiene su principal uso en la producción de Bisfenol A y en septiembre firmamos un primer acuerdo de suministro en China.

El Valle Andaluz del Hidrógeno Verde reducirá emisiones equivalentes a todos los turismos de combustión de Huelva, Cádiz y Jaén

¿Puede una transición de esta escala construirse sin ecosistema industrial, alianzas y estabilidad regulatoria?

La transición energética la vemos con colaboración. Productores, clientes, socios industriales, financiación y administraciones tienen que estar alineados. Para nosotros esta conjunción de alianzas industriales e institucionales es fundamental para construir nuestros ecosistemas de forma duradera y con una base más sólida.

En cuanto a la regulación, necesitamos que sea clara y segura en el tiempo, porque las inversiones que acometemos son de muchos años. Cuando el entorno regulatorio es claro y consistente, la forma en la que inviertes tiene más sentido económico y aseguras esa viabilidad del proyecto hacia el futuro.

 

Para cerrar, ¿qué define hoy el rumbo de Moeve?

Nuestra transformación no es sencilla. También pasa por tomar decisiones que a veces no encajan en el contexto más tradicional porque estás invirtiendo en estas tecnologías futuras, pero la convicción la tenemos clara. La hoja de ruta también, y estamos ya ejecutando con velocidad de crucero.

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