El Keystone XL es un proyecto de oleoducto gigante entre Canadá y Estados Unidos, lanzado en 2008 a cargo del consorcio TransCanada. Con un coste previsto de 5.400 millones de de dólares, pretende llevar 830.000 barriles de crudo al día desde las arenas petrolíferas de Alberta hasta las refinerías texanas del Golfo de México. Mientras que los partidarios del proyecto alegan que conllevará un importante volumen de creación de puestos de trabajo, los ecologistas aseguran que tendrá un impacto negativo en el medioambiente que contribuiría al calentamiento global.
En estos momentos, el gobierno norteamericano está a punto de tomar la decisión de aprobar o rechazar la construcción del oleoducto. Por este motivo John Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos y máximo responsable de las relaciones exteriores, ha abierto una ronda final de comentarios para la consulta pública.
El año pasado, Barack Obama declaró que sólo seguiría adelante con el proyecto Keystone si convenía a los intereses nacionales de los Estados Unidos y si probaba que no empeoraría la crisis climática para las generaciones futuras. Además, el secretario de Estado, John Kerry, se muestra muy receptivo a la opinión pública global desde que convirtió el cambio climático en uno de sus asuntos bandera. Por su parte, los partidarios del oleoducto alegan que la construcción del Keystone XL creará puestos de trabajo y una mayor independencia de los estados petroleros.