Este porcentaje determina que, por segundo año consecutivo, el Día europeo de la igualdad salarial se celebre un 28 de febrero: en efecto, este acontecimiento paneuropeo marca la fecha del nuevo año civil a partir de la cual las mujeres comienzan en realidad a ser remuneradas por su trabajo de forma comparable a los hombres; dicho de otro modo, las mujeres deben trabajar actualmente de manera "gratuita" 59 días hasta situarse en el mismo nivel salarial que los hombres. Es la cuarta vez que el Día de la igualdad salarial se celebra a escala europea: el 5 de marzo de 2011, la Comisión lanzó esta jornada, la segunda se celebró el 2 de marzo de 2012 y la tercera, el 28 de febrero de 2013.
"El Día europeo de la igualdad salarial nos recuerda las desiguales condiciones salariales que se aplican aún a las mujeres en el mercado laboral. En los últimos años, la brecha salarial apenas ha experimentado una leve disminución. Por si fuera poco, esa muy ligera tendencia a la baja se ha debido esencialmente a la crisis económica, que ha provocado una reducción de los ingresos de los hombres, y no al aumento de los sueldos de las mujeres", ha indicado Viviane Reding, vicepresidenta y comisaria de Justicia de la UE. "La igualdad de remuneración por un mismo trabajo es uno de los principios fundamentales de la UE pero, desgraciadamente, todavía no es una realidad para las mujeres en Europa. Tras años de pasividad, ha llegado el momento de impulsar el cambio. La Comisión Europea está preparando actualmente una iniciativa que lo ponga en marcha para que, en un futuro próximo, no haya que celebrar ningún Día de la igualdad salarial más".
La brecha salarial entre hombres y mujeres se expresa como porcentaje de los ingresos de los hombres y representa la diferencia entre la remuneración media bruta por hora de los empleados de sexo masculino y los de sexo femenino en todos los sectores de la economía de la UE. Las últimas cifras ponen de manifiesto que la media de la Unión Europea en 2012 era del 16,4%, lo que refleja su estancamiento tras la tendencia ligeramente descendente registrada en años recientes con respecto a los porcentajes del 17 % o más de periodos anteriores. De hecho, se observa una constante tendencia a la baja en Dinamarca, la República Checa, Austria, los Países Bajos y Chipre, mientras que en otros países (Polonia, Lituania), esa tendencia a la baja se invirtió en 2012. En algunos países como Hungría, Portugal, Estonia, Bulgaria, Irlanda y España, la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha agrandado en los últimos años.
La paulatina reducción de la brecha salarial obedece a diversos factores, como el aumento de la proporción de trabajadoras con un nivel de educación superior o el mayor impacto de la recesión económica en algunos sectores con predominio masculino, como la construcción o las obras públicas. El cambio no se debe únicamente, por lo tanto, a la mejora de las condiciones salariales y laborales de las mujeres.
El informe presentado por la Comisión Europea en diciembre de 2013 sobre la aplicación de las normas de la UE en materia de igualdad de trato laboral a las mujeres y los hombres (Directiva 2006/54/CE) puso de manifiesto una serie de factores que dificultan la igualdad salarial, como la falta de transparencia de los sistemas de remuneración, la falta de claridad jurídica en lo que se entiende por trabajo de igual valor y los obstáculos prácticos. Como ejemplo de estos últimos cabe citar la falta de la información necesaria para que los trabajadores puedan interponer con éxito una demanda de igualdad salarial o la no publicación de información sobre los niveles salariales correspondientes a las distintas categorías de empleados. El aumento de la transparencia en materia de retribución salarial podría mejorar la situación individual de las víctimas de la discriminación salarial, facilitando su comparación con los trabajadores del sexo opuesto.
La Comisión está estudiando actualmente diversas posibilidades de intervención a nivel europeo para aumentar la transparencia salarial y con ello acortar las diferencias salariales entre hombres y mujeres, contribuyendo a promover y facilitar una aplicación efectiva en la práctica del principio de igualdad de remuneración.