La clave radica en que los tapones son polímeros de mayor calidad y menor toxicidad. Se trata fundamentalmente de polietilenos y polipropilenos, cuyo reciclado es más sencillo porque son un producto más uniforme.
Además, el volumen final de recogida es menor que en el caso de otros envases de mayor tamaño, un hecho que facilita su manipulación. Una vez reciclados, el material resultante sirve para fabricar granza, una materia prima que se utiliza en la fabricación de productos como cajas para frutas y hortalizas, revestimientos o aislantes.
Tal y como recuerda un artículo publicado en El Mundo, estas características han provocado un aumento de la recogida de tapones, mayoritariamente para causas benéficas, y las empresas especializadas en el reciclaje de tapones pagan por cada tonelada de este preciado material entre 150 y 200 euros.