Tres meses después de Haiyan, 14 millones de filipinos siguen necesitando asistencia de emergencia. Numerosas infraestructuras básicas como las de agua y saneamiento han quedado destruidas y las capacidades, materiales y sociales de la población para cubrir sus necesidades básicas han quedado profundamente afectadas.
“En estos momentos estamos terminando las últimas distribuciones de emergencia (principalmente alimentos y kits de higiene) y trabajando en la restitución de los servicios esenciales, en el restablecimiento de mercados y medios de vida, en el apoyo nutricional y psicosocial y en la cobertura de acceso al agua y al saneamiento en los centros de evacuación y en los refugios particulares”, ha señalado en rueda de prensa la responsable del equipo de emergencia de Acción contra el Hambre, Chiara Saccardi.
“Hay zonas que han sido golpeadas de diferente manera, por lo que es importante identificar cuáles son las necesidades concretas de cada población. Mientras la asistencia de emergencia seguirá siendo una prioridad en algunas comunidades, en otras áreas se ha iniciado la transición a la recuperación de los medios de vida”, explica.
Pesca y cultivos de cocos: empezar de cero
El Gobierno filipino se está haciendo cargo de la reconstrucción de las principales infraestructuras, pero necesitan apoyo para recuperar la capacidad productiva de la población. Hay sectores como el de la pesca o el del cultivo de coco que han visto afectada toda su cadena productiva. “Estamos poniendo también especial atención en la formación y capacitación de la población involucrada en la reconstrucción, como son los trabajadores de los centros de salud o los comités de gestión de recursos de agua y saneamiento. Nuestro apoyo no debe limitarse a la fase de emergencia, debe ir más allá en la reconstrucción y rehabilitación, tanto material como de capacidades”, añade Chiara.
Un país en el ojo del huracán
Filipinas es azotado cada año por entre 15 y 25 tifones, fenómenos que han aumentado en recurrencia e intensidad en los últimos años. Tras Haiyan, la depresión tropical Agatón terminó con los pocos cultivos que quedaban, agravando así la inseguridad alimentaria de los agricultores. “Tras Agaton, nos temíamos lo peor el fin de semana pasado con el paso de la tormenta tropical Baysang, pero apenas causó daños. Se demostró que la preparación ante desastres es clave para afrontarlos. La gente sabía cómo actuar y pudimos evacuar a más de 5.000 personas”, apunta Chiara.
Asimismo, el terremoto que sacudió la isla de Leyte el 26 de Enero no causó daños ni víctimas, pero destacó la necesidad de la reducción del riesgo de desastres para fortalecer los niveles de preparación ante posibles inundaciones, deslizamientos de tierra u otros posibles riesgos.“La vuelta a la normalidad debe pasar por la integración del componente de reducción de riesgo de desastres, a fin de que la población e instituciones estén mejor preparadas ante un desastre de esta magnitud y características, y reducir así su impacto”, corrobora.
Acción contra el Hambre hace balance
“El desastre que ha dejado el tifón Yolanda en Filipinas y la respuesta internacional que ha generado ha sido la demostración de cómo la capacidad logística de una organización humanitaria es clave a la hora de aportar su apoyo a los damnificados”, afirma el director general de Acción contra el Hambre, Olivier Longué. “Nuestra organización ha sido capaz de enviar 12 aviones en unos pocos días con material para atender las necesidades inmediatas de la población afectada y en tan solo cuatro días ya estábamos distribuyendo agua y material humanitario de primera necesidad a miles de personas. Pero es muy importante que tengamos en cuenta que la ayuda será necesaria no solo para salvar vidas y durante unas pocas semanas: los más de 14 millones de afectados necesitarán también nuestro apoyo para reconstruir y recuperar sus hogares y sus medios de vida durante los dos años que como mínimo durará este proceso”, concluye Olivier Longué.
Claves para el futuro
“El trabajo ahora requiere saber adaptar la respuesta según la zona donde estemos, anticipando la preparación frente a la llegada de potenciales desastres, como por ejemplo el tijón”. ¿Cómo? “Reforzando la coordinación con otros actores humanitarios, además de con el gobierno y con la sociedad civil, involucrándose en la rehabilitación, y consiguiendo mantener vivo el compromiso por parte de los donantes y la sociedad civil para que sigan apoyando después de la primera fase de emergencia. La recuperación de los medios de vida y la preparación frente a desastres son los elementos claves en esta fase de rehabilitación y post-emergencia”, concluye Chiara.