Con su testamento, Mandela ha demostrado una vez más el valor que le dio a la educación, y deja como herederas a todas las instituciones educativas por las que pasó a lo largo de su vida, para que las utilicen en la administración o en la concesión de becas. La escuela de secundaria de Qunu, la universidad de Fort Hare o el instituto de Orlando West -el barrio de Soweto donde vivió el expresidente- son algunos de los centros beneficiarios.