Las graves consecuencias para la salud mental de la población provocadas por el estrés post-traumático tienen un impacto nutricional, especialmente en niños menores de dos años y madres en periodo de lactancia. “Al trabajar con los beneficiarios te das cuenta de que existe un doble estado moral, son fuertes y siempre están sonriendo, pero cuando empiezan a hablar y a contar lo que les ha pasado se desmoronan. Es una población muy fuerte, pero muy afectada” explica la psicóloga Núria Diez, coordinadora del programa de “Baby Tents” de Acción contra el Hambre en Tacloban y Dulag.
Los equipos de Acción contra el Hambre en Filipinas son conscientes de estas necesidades y están llevando a cabo proyectos basados en trabajar el estrés post-traumático e incentivar la recuperación de la capacidad de amamantar entre las mujeres afectadas. Actualmente la ONG ha puesto en marcha, con el apoyo de Unicef, nueve “Baby Tents” donde mujeres embarazadas, en periodo de lactancia y niños menores de dos años son atendidos.
Compartir emociones para superar el trauma
“La mayoría no ha hablado con nadie de su experiencia en el tifón, de cómo se sienten, ni siquiera han podido llorar a los seres queridos que han perdido, porque verbalizan que ‘han de ser fuertes’, que todos han perdido a alguien y no pueden hablar de cosas tristes porque harían que los demás se pongan también tristes” cuenta Núria. En las “Baby Tents” las mujeres encuentran el apoyo comunitario que necesitan. Allí realizan debates grupales sobre temas importantes como son la higiene, nutrición, educación para los niños, prácticas de cuidados para los bebés, etc. y encuentran un lugar donde pueden compartir lo ocurrido con otras mujeres, llorar, reírse y expresar sus emociones, también las positivas.
Además, en las “Baby Tents” se fomenta el vínculo entre madres e hijos. “En muchas ocasiones las madres están tan estresadas y tienen tantas cosas que hacer, que se les olvida atender esa parte emocional de sus niños. Tratamos de trabajar con ellas en la identificación de sus propias emociones y las de sus hijos” dice Núria, y añade: “Las madres están muy implicadas, son muy participativas. El trabajo es increíble, se ven resultados a corto plazo en las mujeres y los bebés”.