La propia presidenta de la Fundación, Pilar Cánovas, que fue la encargada de abrir el acto, ya adelantó que sería un evento lleno de emociones y cuyo objetivo era provocar la reflexión sobre valores como el compromiso, la superación, la perseverancia o la humildad. Tanto ella como la directora de la entidad, María Franco, y María Angeles Tejada, directora general de Public Affairs de Randstad y consejera delegada de su Fundación, hicieron hincapié en el largo camino que han recorrido juntos desde el año 2006 para hacer descubrir a los demás, sobre todo a los más jóvenes, lo que de verdad importa.
Esfuerzo y afán de superación
El primer orador fue Jorge Font, un campeón mundial de esquí acuático que con 19 años sufrió un accidente que le dejó tetrapléjico, una circunstancia que no ha impedido que siga dedicándose de manera profesional a este deporte. Font, que ha conseguido poner la misma pasión que dedica a esta actividad en todo lo que hace, llevó a los presentes en un viaje interior en el que mostró su vida como un libro abierto, incluso en los detalles más prosaicos. Este deportista logró enseñar a los asistentes cómo el esfuerzo y el afán de superación pueden cambiar la vida y cómo en ese periplo el entorno, familia y amigos, puede ser decisivo.
Tras confesar los momentos de desánimo y oscuridad iniciales, explicó que gracias a la ayuda de las personas que le rodeaban consiguió ver lo que realmente importa y cómo personas como él, con discapacidades, pueden aportar una perspectiva diferente y complementar a quienes les rodean. En sus propias palabras, “la experiencia no es sólo lo que te pasa, sino lo que haces con lo que te pasa”, y aludió a la importancia del sentido del humor para relativizar y poner en su justo sitio los problemas y dificultades que debemos afrontar.
La solidaridad como parte de la naturaleza del ser humano
La segunda charla de la noche fue la de María Belón, la mujer que inspiró la película “Lo imposible”, que recoge la experiencia real que vivió junto a sus tres hijos y su marido en diciembre de 2004 cuando un tsunami arrasó el sudeste asiático. Belón usó imágenes del film para intentar que el público reunido en el auditorio Axa fuese consciente de lo que se vivió aquella Navidad en Tailandia y para ilustrar aquellas partes de su discurso con las que deseaba hacer reflexionar a sus oyentes.
Por un lado, incidió en la importancia de afrontar los miedos para poder vivir una vida plena y satisfactoria, y comparó el tsunami con los grandes cambios a los que nos podemos enfrentar a lo largo de la vida, a los que definió también como una oportunidad de aprendizaje. Por otro lado, destacó la capacidad de resiliencia del ser humano y la importancia de la solidaridad como parte de la naturaleza del ser humano explicando que ella había aprendido que “vale la pena vivir para escuchar los gritos de los demás e intentar ayudar; y en esa vida, cada segundo es un regalo inestimable”.