Se trata de un poder a priori difícil de entender, ya que “es una creencia extendida que el agua es suficiente para eliminar la suciedad, y no se establece fácilmente un vínculo entre la falta de jabón y la enfermedad, cosa que sí ocurre entre la enfermedad y el consumo de agua o alimentos en mal estado”, explica el responsable de Agua y Saneamiento de Acción contra el Hambre, Pablo Alcalde.
“Aunque no se trata de establecer un ranking, ya que todas las intervenciones son necesarias, la experiencia sobre el terreno, en todas las regiones y continentes en los que intervenimos, nos ha mostrado que la promoción del lavado de manos con jabón y la distribución de jabón en emergencias es mucho más eficaz a la hora de combatir la morbilidad que muchas otras intervenciones de salud preventiva y que cualquier otra acción en materia de agua, saneamiento e higiene”, explica Alcalde.
La acción más eficaz… y la más rentable
Entre el abanico de posibilidades para proteger la salud, el lavado de manos con jabón no solo es la que tiene mayor impacto, sino también la más rentable: una inversión de 3,35 dólares en la promoción de lavado de menos reporta los mismos beneficios a la salud que una inversión de 11 dólares en construcción de letrinas o una inversión de 200 dólares en abastecimiento de agua para las viviendas, o que una inversión de miles de dólares en inmunización, según datos de Naciones Unidas.
Cambiar comportamientos, clave de la solución
Aunque hoy el jabón está disponible y es asequible en gran parte del mundo, todavía no es una prioridad en la canasta básica de muchas familias. Por eso la promoción de la higiene ha pasado a convertirse en un componente indispensable en prácticamente todas las intervenciones de agua y saneamiento, y muy especialmente en emergencias, donde la población tiene que concentrarse en lugares hacinados y a menudo sin infraestructuras de saneamiento ni acceso a utensilios básicos para la higiene.
Niños, grupo prioritario
Pese a que la promoción del lavado de manos se dirige habitualmente a toda la población, los niños son un grupo especialmente importante “no solo porque este tipo de hábitos deben adquirirse desde la infancia, sino porque además suelen ser un agente contaminante al ser más inquietos y estar en contacto con numerosos cuerpos que pueden estar contaminados”, explica Alcalde. Además, los niños cuentan con sistemas inmunológicos más débiles y son los más propensos a sufrir diarreas u otras enfermedades relacionadas. Por todo ello, el trabajo en las escuelas es una prioridad para promover buenos hábitos de higiene.
La falta de jabón es, además, uno de las causas que puede desembocar en desnutrición, ya que las diarreas son uno de los principales factores desencadenantes de esta: “los mapas de la desnutrición y de la falta de higiene podrían, de hecho, superponerse: gran parte de sus fronteras coincidirían”, concluye Alcalde.