Si bien es un gran logro y se dirige en la dirección correcta, Ecologistas en Acción ha mostrado su preocupación por que el tratado no llegue lo suficientemente lejos ni lo suficientemente rápido para hacer frente a la espiral creciente de riesgos para la salud humana por la exposición al mercurio.
Una preocupación que comparte el resto de asociaciones pertenecientes al Grupo de Trabajo Mercurio Cero. "La adopción de un acuerdo jurídico mundial sobre el mercurio es un gran logro", ha declarado Michael T. Bender del Grupo Trabajo Mercurio Cero. "Sin embargo, el instrumento se ve obstaculizada por los débiles controles sobre las emisiones de mercurio de las fuentes más importantes, como las centrales eléctricas de carbón."
Por ejemplo, las nuevas instalaciones no deberán tener controles de contaminación por mercurio hasta 5 años después de que el tratado entre en vigor, mientras que para las instalaciones existentes pasarán 10 años antes de que comiencen a controlar sus emisiones.
Sin embargo para Ecologistas en Acción hay indicios positivos en el tratado. Entre estos se incluyen disposiciones para reducir el comercio, prohibir la minería primaria de mercurio, y eliminar este tóxico en la mayoría de los productos que lo contienen, como termómetros, aparatos de medición y baterías.
El tratado también se ocupa de la extracción de oro artesanal y en pequeña escala (ASGM en sus siglas en inglés), que es, además la mayor fuente de emisiones actualmente en el mundo.
El Grupo de Trabajo Mercurio Cero espera con interés la aplicación del tratado, que debe ser ratificado por los Estados para que entre en vigor, y que supondrá un verdadero desafío para los gobiernos, especialmente en los países en desarrollo y menos desarrollados. La Convención de Minamata, a pesar de sus defectos, representa una oportunidad real de trabajar hacia la reducción significativa del mercurio a nivel mundial.