En estos momentos las cifras se han vuelto alarmantes, sólo en España se tiran cerca de 2,9 millones de toneladas de alimentos. Así, el total de residuos alimenticios europeos generan 170 millones de toneladas de CO2 (3% del global de los gases de efecto invernadero); 14 millones de toneladas de CO2 en el caso de España. Si a estos datos le añadimos que sólo este año en Europa hay 79 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y que en España 16 millones necesitan ayuda alimenticia proveniente de la beneficencia, se comprueba que las decisiones a tomar deben ser urgentes. Y así lo han visto AECOC y las empresas que como Hero se han sumando a su iniciativa para frenar que 11.000 millones de euros (en España) sean tirados literalmente a la basura en forma de comida.
A nivel de las empresas del sector, cabe destacar que más de 1.300 millones de toneladas de alimentos no llegan al consumidor final, por lo que es necesario que se conciencien en la necesidad de prevenir el desperdicio y optimizar el excedente alimentario, desde cada uno de los diferentes eslabones de la cadena de producción. Para ello, se ha firmado el acuerdo entre AECOC y las cien empresas, respaldado por la Administración Pública y la Federación Española de Bancos de Alimentos, y materializado a través de la citada campaña. Con su adhesión, Hero España pretende colaborar con la respuesta a un problema cuyo impacto puede afectar a nivel económico –repercusión en la cuenta de explotación-; social-humanitario –en un momento de crisis es inaceptable el desperdicio de algo como los alimentos-; y medioambiental –si no se lograr frenar el desperdicio innecesario, en 2020 la emisión de CO2 de dichos alimentos podría suponen los 240 millones de toneladas en Europa-.
Los objetivos se resumen en reducir el desperdicio mediante la prevención, impulsar una serie de prácticas de eficiencia y aprovechar más el excedente mediante la optimización de cada uno de los eslabones de la cadena de valor (intercambio de información, recomendaciones logísticas y de transporte, de la relación entre fabricantes y distribuidor, etc.). Asimismo, se debe trabajar para conseguir incrementar la redistribución de alimentos (donaciones, co-productos, etc.), así como la mejora de las condiciones en las que ésta se lleva a cabo (garantizando la seguridad alimentaria). De esta forma, Hero, junto al resto de empresas firmantes, se compromete a impulsar un Decálogo de Buenas Prácticas
“La alimentación no tiene desperdicio, aprovéchala”
En el marco de esta iniciativa , AECOC ha difundido un Decálogo de Buenas Prácticas para reducir entre fabricantes y distribuidores el desperdicio alimentario. Las empresas que suscriben este documento se comprometen a:
1. Reforzar la colaboración y la mejora del intercambio de información entre productores, fabricantes, distribución y administraciones públicas para evitar que, una mala planificación, genere un stock de productos que no vayan a ser consumidos y deban ser destruidos/eliminados.
2. Optimizar, dentro de las propias compañías, mecanismos y prácticas de eficiencia que favorezcan un transporte, manipulación y comercialización adecuada de los productos, que permita aprovechar la totalidad de su vida útil garantizando, en todo momento, su calidad y seguridad alimentaria.
3. Apostar por un clima de colaboración entre los diferentes agentes de la cadena de valor que facilite esa gestión eficiente y global necesaria para evitar desperdicios innecesarios en los diferentes eslabones de la cadena y, en caso de que se produzcan y siempre que estén en correcto estado, puedan canalizarse hacia otros usos evitando su destrucción.
4. Investigar e innovar en técnicas, tamaños y modelos de envasado y packaging más acordes con los nuevos modelos de hogar y hábitos de consumo de la sociedad actual.
5. Trabajar en la mejora de la comunicación al consumidor sobre las condiciones y recomendaciones de conservación y consumo de los productos alimenticios.
6. Establecer y/o reforzar mecanismos de medición del producto consumible destruido registrado a lo largo de toda la cadena de valor, así como llevar a cabo informes periódicos, en colaboración con el MAGRAMA, de los avances conseguidos para frenar esta problemática.
7. Impulsar prácticas que permitan a las empresas maximizar el aprovechamiento del “excedente” que se genera a lo largo de la cadena (elaboración de otro tipo de productos -alimentación animal, cosméticos…- , redistribución, etc.).
8. Establecer los mecanismos oportunos para que la mayor parte de ese excedente pueda redistribuirse, así como para que la redistribución de alimentos se lleve a cabo cumpliendo estrictamente, y a lo largo de todo el proceso, las normativas de higiene y seguridad alimentaria.
9. Compartir información con las comisiones de seguimiento del proyecto (formadas por expertos de toda la cadena de valor y las Administraciones Públicas) para testar los avances experimentados en el proyecto.
10. Trabajar y colaborar de manera honesta, transparente y eficaz, en definitiva, para fomentar una producción, comercialización y consumo responsable que ayude a posicionar al sector de la alimentación como un colectivo “sensible” a las necesidades e inquietudes de la realidad social y económica del país.