Los cálculos correspondientes al año 2011 cifran la huella de carbono de Metro de Madrid en 50,73 gramos de dióxido de carbono (CO2), equivalente por pasajero y kilómetro recorrido en el suburbano, convirtiéndose así en el modo de transporte menos contaminante.
Según publica el diario La Razón, para realizar este cálculo el suburbano ha incluido por primera vez las emisiones de los proveedores y los desplazamientos de los empleados al punto de trabajo, entre otras. En conjunto se trata de emisiones indirectas por consumo de electricidad. Esto explica por qué la huella de carbono de Metro en 2011 fue superior a la de 2010, año en el que la huella de carbono del suburbano madrileño se cifró en 37,03 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro.
Asimismo, la huella es inferior también a la de otros metros del mundo, como el de Londres, que es casi el doble que la del suburbano madrileño, el primer gran operador de metro a nivel nacional y el segundo en Europa que calcula las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por la compañía de transporte.