Según la propuesta de la Comisión Europea, esta tasa debería gravar todas las operaciones de acciones, bonos y derivados y podría lograr, si fuera utilizada en el conjunto de la UE, una recaudación de hasta 57.000 millones de euros. El nivel propuesto era de 0,1% a los intercambios de acciones y títulos y del 0,01% a los productos derivados.
En la reunión del Ecofin, celebrada la semana pasada en Luxemburgo un total de once países se mostraron a favor de la implantación de la Tasa Tobin: Alemania, Francia, Portugal, Bélgica, Eslovenia, Austria, Grecia, Italia, Eslovaquia, Estonia y España. No obstante, el veto de Reino Unido y otros países como Polonia o Irlanda impide que la tasa se cree en el conjunto de la Unión Europea, ya que las decisiones sobre fiscalidad se toman por unanimidad.
Con la aplicación de la Tasa Tobin se pretende frenar la especulación en los mercados financieros y hacer que la banca intermediadora asuma parte de los costes de la crisis. Sin embargo, brokers y analistas rechazan esta medida y dudan de que realmente la tasa no vaya a repercutir en la cartera del inversor final. Además, muchos critican que las operaciones con derivados, normalmente más susceptibles de especulación, tengan un gravamen menor al de los títulos convencionales.