El 19 de noviembre se cumplen 10 años del hundimiento del Prestige. Aquel barco monocasco que operaba bajo bandera de Bahamas, y que dio lugar a la mayor catástrofe ambiental que ha sufrido España, dejando las costas gallegas de aquella pasta negra llamada chapapote.
"Parece increíble que, después de una década, ninguna de las empresas implicadas esté sentada en el banquillo y únicamente una persona representando a las instituciones hará frente a todas las responsabilidades de ámbito estatal", denuncia la organización ecologista.
Además, Greenpeace lanza una serie de preguntas como que "las gravísimas deficiencias de las regulaciones internacionales, entre ellas, la utilización habitual de banderas de conveniencia; el empleo de verdaderos entramados de sociedades interpuestas, la insuficiencia de las indemnizaciones que limitan la responsabilidad, hacen que no se paguen las responsabilidades" y que "el Derecho penal en España limita, en casos como éste, que las responsabilidades puedan ser depuradas".
"Por todo ello en Greenpeace consideramos que los responsables de la crisis del Prestige no han asumido sus responsabilidades, y por esto si se produjera otra catástrofe volvería a pasar lo mismo", denuncia la ONG.