“Haber logrado que se reconozca el Día Nacional del Síndrome de Piernas Inquietas es todo un hito que, sin duda, permitirá que esta enfermedad se haga más conocida y, consecuentemente, más diagnosticada en nuestro país”, comenta Esperanza López, presidenta de AESPI. En concreto, se ha escogido el 23 de septiembre puesto que se trata de la fecha de nacimiento de uno de los descriptores de la enfermedad, el doctor sueco Karl Ekbom.
Por su parte, el director médico asociado del Área Terapéutica de Sistema Nervioso Central de UCB, el Dr. Javier Alcázar, explica los motivos que han motivado esta campaña: “con esta iniciativa queremos hacer más visible a la sociedad esta enfermedad poco conocida. Nuestro objetivo es concienciar sobre la importancia de detectar los síntomas lo antes posible e invitar a todas las personas que lo deseen a participar en un encuentro altruista en el que podrán colaborar con los pacientes”.
El Síndrome de Piernas Inquietas se caracteriza por la aparición de sensaciones molestas como hormigueo, picor, tensión interior, inquietud, nerviosismo o dolor en las extremidades inferiores, especialmente en las pantorrillas, lo que provoca la necesidad urgente de moverlas para aliviar momentáneamente las crisis. Aunque sus síntomas suelen aparecer a última hora de la tarde o durante la noche, pueden presentarse en cualquier momento de reposo o inactividad a lo largo del día, desencadenando mucha inquietud e importantes dificultades a la hora de permanecer sentado para descansar o desarrollar un trabajo. Así, este síndrome afecta a la vida social y laboral del paciente, limitando muchas veces las actividades que requieren estar quieto mucho tiempo, como una cena formal, reuniones, viajes prolongados en avión, el cine o el teatro, entre otras. A día de hoy, no hay una curación para esta enfermedad. Sin embargo, cuando la frecuencia o gravedad lo requieren, existen tratamientos farmacológicos que, en la mayor parte de los casos, producen una mejoría importante o una desaparición de los síntomas.