La medida, que entrará en vigor a partir del mes de marzo del año que viene, prohíbe la comercialización de refrescos y bebidas azucaradas, en envases superiores a las 16 onzas (464 mililitros), en la Gran Manzana. La propuesta, la primera de este tipo que se aprueba en Estados Unidos, afectará a salas de cine, estadios deportivos, restaurantes, cadenas de comida rápida y puestos de venta callejera, así como bodegas y tiendas de ultramarinos, aunque no incluye a los supermercados.
Al presentar el proyecto el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, explicó que la prohibición abarca desde las bebidas energéticas hasta los refrescos gaseosos o el té frío azucarado, pero no a las bebidas que contienen menos de 25 calorías, las aguas vitaminadas o el té sin azúcar. Después, Bloomberg recordó a través de su cuenta en Twitter que la obesidad es la segunda principal causa de mortalidad en Nueva York que puede ser prevenida, después del tabaco.
La medida ha generado una gran polémica puesto que según una encuesta publicada en agosto pasado por el periódico The New York Times cuenta con la oposición de un 60% de los neoyorquinos. Sólo el 36 % de los ciudadanos consideraba la prohibición "una buena idea".