Las bombillas tradicionales utilizan tan sólo el 5% de la electricidad consumida para transformarlo en luz, mientras que el 95% restante se desperdicia en calor. Por ello, las alternativas actuales como las halógenas, las fluorescentes compactas -conocidas como bombillas de bajo consumo-, o las bombillas LED, no sólo son más eficientes en la relación consumo/luminosidad, sino que tienen una vida útil más larga, de 10 a 20 veces mayor que las tradicionales.