"Quiero dejar un Japón limpio a mis hijos y a mis nietos", señaló el jubilado Akiko Ichikawa al diario Libération. Como él, miles de japoneses acudieron ayer, festivo en Japón, a la capital nipona. Su objetivo era manifestarse contra la vuelta progresiva a la energía nuclear, que se inició el pasado junio con la reactivación de los reactores de la central de Oi.
Según los organizadores de la protesta, ayer se reunieron en Tokyo más de 170.000 personas, muchas más de las que se pretendía reunir: 100.000. La policía no ha dado su propia estimación, pero cada viernes se produce una nueva protesta. “El gobierno sitúa antes la economía que la salud. Hay que informar a la población para que cada vez seamos más los que nos manifestamos, hasta que las autoridades nos escuchen”, explicaba a Libération una manifestante.
Tras el accidente de Fukushima, la población nipona recela de la energía nuclear: “Un accidente nuclear tiene consecuencias imborrables y marca para siempre a un territorio. Por eso hay que dejar de utilizar esta energía”, explica Satoshi Kobayashi, otro manifestante. El movimiento “Adiós, energía nuclear” cada vez reúne a más personalidades, como el compositor Ryuichi Sakamoto o el Premio Nobel de Literatura Kenzaburo Oe. Entre los participantes en la protesta, muchos consideran que la movilización sólo conseguirá resultados si también se organizan huelgas.
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