El caso de Thompson ha servido como punto de partida para los accionistas descontentos que quieren exponer las indiscreciones o los errores académicos, profesionales e incluso personales de determinados miembros de su empresa. Según recoge la revista Fortune, los expertos en política corporativa afirman que investigar sobre el pasado de los ejecutivos no es jugar sucio.
Christopher Bayer, cofundador y blogger de theShareholderActivist.com, declaró para la revista Fortune que la mentira de Thompson fue “una completa violación de la confianza y una traición. La confianza no tiene precio, y hoy en día no hay lugar para esta clase de errores”. Examinar las credenciales de un trabajador es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta todo lo que se obvia o se modifica en el mundo corporativo, añadió Bayer. El caso de Thompson “insta a los inversores a verificar la formación y el pasado de los empresarios para asegurarse de quién hará el mejor trabajo”, señala Stephen Bainbridge, profesor de derecho en la Universidad de California.
Según informa Fortune, los accionistas están más atentos a la gestión corporativa desde el inicio de la crisis en 2008, y muchos piden mayor transparencia en las empresas. El Proxy Monitor del Instituto Manhattan, que analiza las propuestas de los accionistas, señala que la mayoría consideran necesario que se les informe sobre los gastos de gestión y lobbying. Además, el “accionista activista” también quiere mayor diversidad de directivos, que se reemplace a aquellos que no sean eficientes y mayor transparencia en lo relativo a las condiciones de trabajo y al trabajo infantil.
Este tipo de peticiones no proceden sólo de los accionistas tradicionales, sino también de grupos religiosos como las Hermanas de St. Francis de Filadelfia, la Fundación Nathan Cummings y otras organizaciones que han adquirido acciones en empresas para forzar la revisión de determinados estatutos o prácticas poco éticas.