Traductores Sin Fronteras se fundó e 1993 por Lori Thicke y Ros Smith-Thomas para apoyar a las ONG que trabajan en materia de salud, nutrición y educación. Actualmente, la organización trabaja con organizaciones como Médicos sin Fronteras, Médecins du Monde, Acción contra el Hambre, Intermón Oxfam o Handicap International. Sin embargo, su acción apenas cubre un 1% de la necesidad real.
Traducir el material médico o las instrucciones sanitarias del inglés al Swahili, Luo o Kikuyo lo hace más accesible. “Cada día se lleva ayuda a África en inglés, francés y portugués”, afirmó Thicke para The Guardian, “sin embargo, eso sólo sirve para la minoría educada, pero ellos no necesitan ayuda. Son los padres de los más pobres los que necesitan conocer la información y los síntomas de la malaria”.
Uno de los proyectos actuales de Traductores sin Fronteras es traducir información relativa a las enfermedades de transmisión sexual para que las prostitutas de Nairobi y Kenya adopten precauciones sanitarias. Además, Simon Andriesen, un miembro de la organización enseñará a más de 100 mujeres de Kiberia, que dominan distintas lenguas, a traducir unos folletos informativos a diferentes idiomas keniatas. “Les enseñará conocimientos de traducción para que ellas mismas desarrollen la labor por su cuenta después”, dijo Thicke.
Paul Warambo, un recién graduado en Kiswahili residente en Nairobi, declaró que la sanidad necesita traductores, ya que “apenas hay información sanitaria disponible en idiomas que la mayoría de los keniatas puedan entender”.
Traductores sin Fronteras, que pretende traducir al máximo de idiomas posibles los principales artículos sanitarios de Wikipedia, tiene alrededor de 2.000 traductores. Aunque la ONG cubre casi la totalidad de los lenguajes de la India, África es todavía una asignatura pendiente. En el continente africano se hablan más de 2.000 lenguas distintas, como el swahili o el bereber. Sólo en Nigeria se hablan ya más de 500 idiomas distintos.
“Trabajamos por un mundo donde el conocimiento no tenga fronteras”, dice Thicke para The Guardian. “Con la penetración de la tecnología en África tenemos el potencial de expandir el conocimiento, y es que la gente no muere sólo de enfermedad, sino también de la falta de conocimiento que les permita saber cómo evitar caer enfermos”.