En la jornada se aclaró que la huella de carbono es un indicador ampliamente extendido y que es necesario consensuar unas pautas para adaptar la metodología existente. Además, se recordaron las iniciativas que se están promoviendo desde el sector y se hizo hincapié en la necesidad de poner en común los resultados y el conocimiento adquirido.
Todos los ponentes consideran que el Proyecto CO2me es una oportunidad para clarificar toda la información disponible, consensuar y defender la posición del sector agroalimentario nacional en foros internacionales, así como ofrecer un mensaje coherente al consumidor.
Kepa Solaun, socio-director de Factor CO2, subrayó la importancia de establecer un análisis estratégico del sector en relación a su posicionamiento frente al cambio climático, analizando su contribución a la generación de emisiones GEI, su papel como sumidero de carbono y su posible valorización de sus residuos en forma de biomasa. Además, remarcó que existen multitud de metodologías para el cálculo de la huella de carbono e insistió en la importancia de elaborar guías sectoriales que recojan las peculiaridades del sector y faciliten la aplicación de las metodologías.
Por su parte, Cecilia Foronda, directora de CeroCO2 de ECODES, destacó que los dos principales objetivos del Proyecto CO2me son poner en común el conocimiento generado por las iniciativas relacionadas con el cálculo de la huella de carbono y la compensación de emisiones en el sector agroalimentario español; y la identificación de una serie de pautas consensuadas por todo el sector, para adaptar las metodologías existentes de la forma más adecuada posible y poder transmitirlo al consumidor de forma sencilla y correcta, algo que también subrayó Agustín Herrero, subdirector de Cooperativas Agro-alimentarias.
El subdirector de la Oficina Española contra el Cambio Climático, Eduardo González, animó al sector a gestionar sus emisiones, para así poder reducirlas de forma más eficaz. Además, recordó la relación existente entre la reducción de emisiones y la eficiencia energética y defendió que el dinero invertido en la mejora de la eficiencia energética permitirá tanto la reducción de emisiones, como ahorros económicos, con lo que se aumentará la competitividad del sector.
Carlos Arnaiz, subdirector del Instituto Nacional del Consumo, se centró en la comunicación a los consumidores, ya que para comunicar un mensaje es necesario que este sea veraz, comparable y útil. Por ello, es importante armonizar criterios. En este sentido, abría la puerta a etiquetados más sencillos que no necesariamente tengan que incluir los gramos de CO2.
Finalmente, Gotzone Artabe, responsable de Medio Ambiente de Eroski, explicó que, desde su punto de vista, la huella de carbono es una herramienta útil para la gestión de las emisiones de una organización y la manera de internalizar el cambio climático en la estrategia de la empresa. En este sentido cree que el cálculo voluntario de la huella de carbono de sus productos puede proporcionar a Eroski una ventaja competitiva y permitirle anticiparse a futuras reglamentaciones.