“Juntos ante la crisis” es el lema de esta campaña con la que, a través de una donación, se puede conseguir mucho: escuchar y atender a las familias afectadas por la crisis, facilitar ayudas para cubrir las necesidades básicas, ofrecer asesoramiento para evitar la pérdida de la vivienda y proporcionar formación profesional y orientación laboral en la búsqueda de empleo. Para resolver las situaciones de urgencia, Cáritas pone en marcha ayudas de atención primaria, en especie y/o en metálico y también las vinculadas a la incorporación a un proceso que haga viable la autonomía de las personas y familias.
En el apoyo para evitar la pérdida de la vivienda se incluye la información y sensibilización, el acompañamiento y asesoría, la ayuda económica y los centros residenciales de acogida. Por último, para reforzar la formación para el empleo se establecen cursos de formación profesional con protección, maximizar los servicios de información, orientación e intermediación sociolaboral, apoyar y poner en marcha empresas de inserción e iniciativas de autoempleo y economía social.
Se trata de una campaña a nivel español, en la que pueden participar todos los ciudadanos y puedan hacer su contribución o acceder a más información en www.caritas.es
Cifras para la reflexión
En el tercer trimestre de 2011, el porcentaje de hogares con todos los activos en paro asciende al 8,2%, es decir, 1.425.200 hogares. De ellos, cerca de un millón de personas no reciben ingresos ni del trabajo ni del sistema de prestaciones sociales. Además, el 42% de los jóvenes no tienen acceso al empleo. Estos datos dan una idea de la cruda realidad que están viviendo los colectivos más desfavorecidos y que, según todos los indicadores, van a seguir así durante tres años más.
Entre los perfiles de personas que necesitan más ayuda destacan las familias jóvenes (de 20 a 40 años de edad) con niños pequeños; los parados recientes procedentes de empleos de baja cualificación de los sectores de la construcción, la hostelería y, más recientemente, de los sectores industriales; las mujeres, especialmente solas con cargas familiares, generalmente no compartidas, y con problemas de conciliación entre vida familiar y laboral; hombres solos sin hogar, separados o divorciados, que están en paro y sin poder afrontar el pago de un lugar donde vivir, y mujeres mayores con pensiones no contributivas o mínimas, que no llegan a cubrir sus necesidades básicas, o de inmigrantes en situación irregular que ven endurecidas sus condiciones de vida.