Por los intensos y constantes dolores que padecía, se vio obligada a abandonar su trabajo en una empresa del sector de la automoción, que le exigía un buen estado de forma física. Pero lejos de derrumbarse, se centró en una de sus aficiones: la literatura. Durante su segundo embarazo se empleó a fondo en conseguir el graduado en Educación Secundaria Obligatoria, que superó con nota, y le abrió este mundo. Más adelante, fue la Fundación Grupo Sifu quien le dio las alas que necesitaba para echar a volar su primera obra.
Tras meses de pruebas y visitas a consultas médicas, le detectaron fibromialgia. ¿Qué pasó entonces?
Voluntariamente dejé el trabajo. A pesar del diagnóstico, la Seguridad Social no me reconocía ninguna minusvalía. En cambio, la Generalitat de Catalunya acabó otorgándome el certificado del 35% de discapacidad, que me permitió formar parte de ESCID, empresa del Grupo Sifu.
¿Qué le aportó Grupo Sifu?
Me permitió empezar de cero a través de la formación. A sus responsables, les agradezco enormemente su labor e implicación, el apoyo que me dieron, que fue total. El hecho de que te brinden una oportunidad hace que te digas a ti misma que sí, ¡que puedes!
¿Cómo ha evolucionado su enfermedad y su forma de afrontarla?
Durante el primer año padecí depresiones. No podía coger a mi hijo de siete meses en brazos y eso te hace pensar que no sirves para nada. Poco a poco, entras en una etapa de aceptación de la enfermedad, pero es difícil. El estado de humor es crucial. Se trata de una dolencia degenerativa, y en mi caso ha empeorado un poco. Pero tengo una gran ayuda: mi marido hace todo lo que yo no puedo y mis hijos han entendido que hay días en que debo permanecer en cama por los dolores.
¿Cómo lo aceptan en su trabajo?
Es un centro de empleo que tiene una sensibilidad especial. Entienden que hay días en que no puedo ir a trabajar y otros en que bajo a la calle para dar la vuelta a la manzana; no puedo permanecer ocho horas seguidas en una silla.
En los momentos difíciles, ¿a qué se agarra?
Mi principal motivación son mis dos hijos. Estoy en edad de trabajar y me gusta vivir, así que me niego a que una enfermedad no terminal me deje sentada en casa.
Cuéntenos su experiencia como escritora
Empecé escribiendo una historia que quería regalar a mi madre, un relato breve ambientado en la Edad Media. Al poco, lo abandoné en un cajón y fue mi cuñada quien me animó a terminar el escrito.
Recuerdo incluso que en el trabajo bromeamos con el hecho de que pudiera publicarse algún día. Y tuve la suerte de que una compañera entregara una copia del relato al consejero delegado de la empresa. A partir de ahí, todo fue rodado. ¡Cuando quise darme cuenta ya tenía el libro encima de la mesa y con presentaciones por hacer!