El texto, presentado y elaborado por Ma Jun, director del Instituto de Asuntos Públicos y Ambientales de China, amenaza seriamente la imagen de Apple: "El gran volumen de deshechos en la cadena de suministro de Apple pone seriamente en peligro la salud y la seguridad de las poblaciones locales”. Así se señala en el informe, titulado ‘Bad Apple’, y para cuya elaboración hicieron falta cinco meses de investigación sobre el terreno.
Según los datos aportados, en la ciudad de Kunshan los casos de cáncer se han disparado desde que dos fábricas de electrónica Kaedar Electronics y Electrónica Unimicron, ambas proveedoras, se establecieron en la ciudad. Además, la contaminación del aire obliga a la población a enviar a sus hijos a escuelas a más de 20 kilómetros de distancia.
La respuesta de la empresa norteamericana no se ha hecho esperar y ha invitado a un diálogo a los grupos ecologistas además de asegurar que algunas de las fábricas que aparecen en el informe no son proveedores suyos. Sin embargo, hay que recordar que el ‘gigante de la manzana’, al no fabricar directamente sus productos, no revela nunca sus proveedores que, según los ecologistas, “deben de hacerse públicos con nombre y apellidos”.
En palabras de la portavoz de Apple en el país asiático, Carolyn Wu, la empresa “se compromete a impulsar los más altos estándares de responsabilidad social y medioambiental en toda nuestra base de suministro". "Exigimos, desde siempre, que nuestros proveedores ofrezcan condiciones seguras de trabajo, que traten a los trabajadores con dignidad y respeto, y que hagan un uso responsable en los procesos de fabricación de los productos de Apple”, afirma.
China y las consecuencias del crecimiento
El vertiginoso crecimiento económico de China ha ido acompañado de una degradación medioambiental generalizada y que ha sido permitida por una regulación gubernamental demasiado laxa. Poco a poco, y gracias al endurecimiento de la regulación por parte de Beijing y la creciente conciencia ambiental, las cosas están cambiando. Pero no lo suficiente, ya que las grandes marcas de electrónica continúan subcontratando proveedores en el país reduciendo al máximo el cuidado de las condiciones ambientales y sociales.
Apple, cuyo presidente ejecutivo Steve Jobs abandonó el proyecto por problemas de salud, ya se enfrentó antes a la controversia con sus proveedores en China. En el mes de mayo, en una explosión en una fábrica de Foxconn (Chengdu) en la que se fabricaba el iPad 2, murieron tres trabajadores y más de una docena de personas resultaron heridas. Tres meses antes, se confirmó que 137 trabajadores habían muerto envenenados en 2009 por una sustancia química utilizada para limpiar las pantallas de iPhone en una fábrica de Wintek en Suzhou.
Apple no tiene fábricas propias, y sus exitosos productos, como el iPhone y la iPad son manufacturados por contratistas en China y luego distribuidos por todo el mundo. El informe del Instituto de Asuntos Públicos y Ambientales (IPE, por sus siglas en inglés) y otras cuatro organizaciones hace referencia a lagos y cursos de agua contaminados por metales pesados como el cobre y el níquel y a emanaciones que irritaban la piel y los ojos.
A pesar de que la industria tecnológica parece ser más limpia que otras, lo cierto es que muchos de sus procesos y de los componentes que se utilizan en la fabricación de dispositivos son altamente contaminantes.