La ministra presentó el martes algunos de los modelos de etiqueta en los que se está trabajando y que acompañarán hasta 1.000 productos, durante la fase de experimentación de la medida, que arrancará en julio y durará todo un año.
La etiqueta incluiría información sobre el tipo de ingredientes, número de calorías, y a partir de julio, emisión de dióxido de carbono, consumo de agua e impacto en la biodiversidad.
De momento, un total de 168 empresas de multitud de sectores se han sumado a la fase piloto, conscientes de que representa un buen imán para el consumidor. Alimentación, ropa, electrónica, muebles y limpieza son algunos de los productos que se sumarán a la iniciativa.
Se trata de seguir la exitosa huella de la etiqueta energética que discrimina los electrodomésticos en función del despilfarro energético por categorías, de la A (el más eficiente) hasta la G (el más derrochador). Según cálculos del Ministerio de Ecología, en 1995 hasta el 75% de los consumidores galos compraba electrodomésticos entre la G y la D.