Un caso significativo es el de Cataluña, donde los movimientos en contra de estas bolsas es activo. El gobierno catalán ha expuesto que ha habido una reducción entre 2007 y 2009 del 30% en el consumo de las bolsas de la Comunidad Autónoma. Por su parte, los ecologistas han denunciado que esos datos son "incongruentes" por incluir en ese descenso las bolsas biodegradables, cuya vida también se limita a un solo uso. Además, a pesar de la reducción en el caso catalán, se estima que sólo el 20% de éstas bolsas se recicla, según datos de la Agencias Catalana de Residuos.
Las organizaciones verdes han argumentado que las medidas llevadas a cabo por ahora entre diversos gobiernos y fabricantes han supuesto unas rebajas de entre el 30 o 40 por ciento, pero no se mejorarán esos números si no se imponen precios más altos a las bolsas. Irlanda tiene el honor de ser, a día de hoy, paradigma del gravamen a las bolsas de plástico, pues tras aplicarse un impuesto de 18 céntimos de euros a cada bolsa, su consumo se redujo más de un 90% en tres meses.