Brasil no es ajeno a la tendencia. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), su economía cuenta con más de 2,6 millones de puestos de trabajo formales que se ajustan a esos criterios. Además, el estudio “Empleos verdes en Brasil: Cuántos son, dónde están y cómo evolucionarán en los próximos años”, publicado en diciembre de 2009 por la oficina local de la OIT, prevé que esos números se multipliquen a medio plazo.
Las energías renovables generan por sí solas casi 550.000 de estos empleos y constituyen uno de los nichos que más estimulan la perspectiva de crecimiento. Si bien la biomasa (cultivo de caña de azúcar) y las grandes centrales hidroeléctricas son las principales empleadoras, el motor del crecimiento del sector renovable lo aportan las turbinas eólicas. Lo que coloca a la energía del viento al frente de las demás es su oferta de trabajo decente, según la OIT un prerrequisito para que un empleo sea realmente “verde”.
Más empleo para 2020
De momento, el sector aporta casi 13.000 puestos de trabajo directos e indirectos, repartidos en las áreas de generación y distribución del servicio, que incluyen los puestos creados en la construcción de los parques eólicos, construcción que se preveé aumentar de cara al 2020.
Otro aspecto a favor del viento como creador de empleo frente a la hidroelectricidad (matriz de momento dominante) es que para generar y distribuir un teravatio (un billón de vatios) por hora de energía eólica se necesitan entre 918 y 2.400 trabajadores. Mientras que, para la misma cantidad, las hidroeléctricas requieren apenas 250 personas.
De los 62 parques eólicos instalados, 43 están en el Nordeste, la región preferida para desarrollar la mayoría de los nuevos proyectos y asentar las industrias del sector, por la gran concentración y potencia de los vientos de su litoral atlántico.