OPINIÓN

El auténtico valor del crecimiento

Sonia Felipe,

directora de Comunicación de Triodos Bank

Sonia Felipe

El creciente interés por el desarrollo de la economía sostenible en los últimos tiempos se está materializando en cifras muy interesantes. La Alianza Global para una Banca con Valores (GABV) comenzó en 2009 reuniendo a 9 entidades financieras y ha finalizado 2015 con 28 miembros. Triodos Bank ha publicado sus cifras de cierre de 2015, demostrando que la banca ética sigue creciendo. Pero más allá de los números logrados, ¿cuál es el valor real de hacer banca con valores? ¿Cuál es el impacto de haber crecido un 15% de balance, un 15% en el número de clientes y un 13% en la financiación a proyectos y empresas sostenibles en Europa?

Para nosotros significa mucho, porque estas cifras indican que más personas y empresas confían en que otro modelo de banca y de economía es posible. ¿O acaso crecer significa producir más para vender más y consumir más? El cambio climático y los problemas socioeconómicos marcan la urgencia de repensar el concepto de crecimiento y dirigirlo a aumentar la calidad de vida, no la cantidad de bienes que producimos y consumimos.

En un mundo obsesionado con la “cuantofrenia”, la medición del impacto social es clave para bancos y empresas sostenibles que quieren poner en valor, más allá de los datos, su contribución real a la sociedad y el medio ambiente. Habitualmente medimos el crecimiento en números y porcentajes, ¿pero es posible verlo de otra manera? Por ejemplo, calculando el ahorro energético por apoyar proyectos de eficiencia energética y energías renovables, o viendo el equivalente de lo que significa financiar un número concreto de proyectos de agricultura ecológica. En Triodos Bank tratamos de poner en valor el impacto social a lo que financiamos y encontramos resultados como que 18,7 millones de personas asistieron a teatros, salas de cine y museos en toda Europa gracias a nuestras actividades de financiación en el sector cultural en 2015.

Es ahí donde cobra significado impulsar el crecimiento de actividades sostenibles que reemplazan a las que no lo son, lo que supone una completa transformación de nuestra economía. Por ejemplo, en el sector inmobiliario, financiamos proyectos de construcción sostenible y eficiencia energética para mejorar la sostenibilidad de los edificios y que no sean únicamente fuente de costes.

Existen múltiples ejemplos de iniciativas ciudadanas y de emprendedores con impacto social que promueven otra forma de crecer. Escuelas, hospitales y residencias de ancianos que, gracias a la mejora de su eficiencia energética, pueden ahorrarse unos costes de electricidad y gas que les permiten contratar maestros y personal asistencial y sanitario. Cada vez encontramos más familias y particulares que deciden optar por el autoconsumo energético en sus hogares y por plataformas de consumo colaborativo para compartir bienes y servicios en lugar de tener que comprarlos. Todo esto también es crecimiento y determina el tipo de sociedad y economía que viene.

También en el conjunto del sector financiero observamos muchos desarrollos que, en apariencia, podrían alterar la actividad financiera tradicional. Desde compañías tecnológicas que están desarrollando medios de pago directos a opciones de financiación complementaria para empresas y emprendedores, como el crowdfunding. No se trata de banca convencional, pero podría ser perfectamente la forma de hacer banca del futuro. ¿Reto u oportunidad?

La banca ética nació con la ambición de cambiar las finanzas, de reevaluar el papel del dinero en la sociedad y motivar a las personas a realizar elecciones más conscientes sobre el rol que ellos mismos juegan en la economía. Hoy es justo lo que está ocurriendo. Las finanzas están cambiando y tenemos la oportunidad de financiar el cambio: de impulsar estas iniciativas a una escala mayor.

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