OPINIÓN

Arquitectura Bioclimática, un diseño a medida

Patrick Castelli Cirera,

Arquitecto y Profesor de EADIC

Patrick Castelli Cirera

Una lavadora es igual en Santander y en Plasencia. Como mucho, puede haber cierta diferencia en el agua necesaria para que funcionen las lavadoras, y así los primeros acaso empleen un poco más de antical que los segundos para prevenir los daños a su aparato. Del mismo modo ¿debe ser una casa igual en Santander y en Plasencia? Evidentemente no; no debe ser igual, y en cierta medida ni siquiera las casas convencionales modernas son del todo iguales; sin embargo, parece que existe una inercia (cultural y técnica) que nos hace tender a la homogeneización arquitectónica.

Siguiendo el anterior ejemplo, lo contrario de lo que ocurre con la lavadora es lo que ocurre con la arquitectura bioclimática. La característica fundamental del bioclimatismo consiste en aprovechar las bondades del clima en el que se va a asentar la construcción con el fin de evitar o paliar sus efectos negativos. Debido a la creciente importancia que se otorga –es de justicia- a la construcción sostenible de edificios y ciudades, esta tendencia hasta ahora tímida está adquiriendo una importancia que hará cambiar, a buen seguro, el concepto de las técnicas de la construcción a las próximas generaciones.

El proyecto de una casa en Santander deberá implementar unas estrategias en consonancia con el clima templado marítimo, cuyas características principales son la humedad, las precipitaciones y las oscilaciones térmicas moderadas. Por tanto, favorecer la captación solar pasiva será ideal en invierno, puesto que permitirá aumentar la temperatura interior y reducir la humedad; estrategia que no supondrá una excesiva penalización en los suaves veranos del Norte. En puntos cercanos a la costa se puede pensar en generadores eólicos con muy buenos resultados.

Por el contrario, el proyecto de una casa en Plasencia deberá concebirse teniendo en cuenta siempre el clima mediterráneo continental, caracterizado por una oscilación térmica muy acusada, tanto anual como diaria, con veranos muy severos e inviernos fríos y relativamente húmedos. En este caso, las estrategias bioclimáticas deben pensarse siempre de modo dual: soleamiento en invierno que se convierte en sombra en verano siempre que se controle el tamaño y orientación de los huecos; favorecer la ventilación en determinadas condiciones, que eliminen el sobrecalentamiento, etc.

¿Debe, por tanto, ser el bioclimatismo contrario a la estandarización de la construcción? La respuesta es: no necesariamente. A día de hoy, en que la prefabricación de materiales de construcción es cada vez mayor, la industria nos brinda componentes muy especializados que podemos aprovechar en nuestra obra, siempre y cuando el proyecto bioclimático sepa encontrar el lugar más adecuado para cada uno de estos.

Como toda buena arquitectura, la arquitectura bioclimática es un traje diseñado a medida para la ocasión. El artesano, en este caso, no lo será el fabricante de paneles sándwich aislantes de alta densidad, ni tampoco el proveedor de placas de pizarra que aprovechan la energía solar; lo será el arquitecto, que armado con un bagaje técnico específico (datos climáticos, cartas solares, ensayos de materiales…) más toda la experiencia común a la arquitectura, tenga en cuenta hasta las mínimas necesidades de los que han de ser usuarios de la vivienda, exprimiendo todas las posibilidades que le brinda el clima, los materiales y el terreno de una determinada localización geográfica X.

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